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Las palabras sobran
La soberbia desmedida en la cima del poder amenaza el orden republicano como nunca antes
El lenguaje construye realidades. Por eso hay que tener mucho cuidado con qué decimos y cómo lo decimos, pues las palabras siempre tienen consecuencias. En el terreno de la política, la forma es fondo. De ahí que no podemos minimizar las malas formas que hoy, de manera descarada, amenazan a nuestro país.
México vive un episodio oscuro en el que el orden constitucional, las instituciones del Estado, la división y el equilibrio de poderes, la razón y la lógica del bien común están en peligro. La soberbia desmedida en la cima del poder amenaza el orden republicano como nunca antes (y eso que ya hemos tenido gobernantes nefastos). Es verdad que al poder se le observa y vigila, se le cuestiona y se le limita con la ley. El problema es cuando ninguna observación, ningún cuestionamiento y ninguna ley son capaces de limitar el despotismo de quien impone y se impone, de quien no respeta y desafía a la propia Constitución con otra “lógica”, con otras intenciones, con otros argumentos, con otros datos. Es deber constitucional que, cada año, los presidentes informen al Congreso de la Unión el estado que guarda su administración y el país. El poder conlleva enormes responsabilidades que no pueden estar sujetas al estado mental o de ánimo, al capricho o a la voluntad personal de quien ostenta el Poder Ejecutivo.
Pero en México todo es posible. El primer informe puede ser el tercero si así lo decide quien gobierna. Su partido puede cambiar las reglas del juego en el Congreso en cualquier momento para reelegir a la Mesa Directiva y manipular para evitar que la oposición, por disminuida que esté, responda formalmente, como es su deber, a dicho informe.
Los mexicanos palpamos, sentimos y sufrimos la realidad todos los días de maneras muy distintas, en las calles de los pueblos, las pequeñas y grandes ciudades, en el campo, en el centro y las costas, en la frontera norte, en las dos penínsulas y en la frontera sur.
Resulta alarmante que las palabras utilizadas para describir la realidad de estos primeros meses de gobierno sean más una alabanza personal que un análisis reflexivo y autocrítico de lo que no se ha hecho o podría hacerse mejor. Las palabras pronunciadas en el tercer o primer informe nada tienen que ver con lo que millones percibimos a diario, con la realidad de un país que se descompone cada hora por falta de integridad, legalidad y orden.
Un informe que relata y describe las fantasías de quien gobierna simplemente no merece respeto ni consideración. Las palabras sobran cuando la realidad nos recuerda todos los días en qué hoyo estamos metidos. Mejor hagamos lo necesario para salir de esta trampa y revertir el daño.
Twitter: @armando_regil