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¿En serio fuera LeBarón?
Cobardes en el anonimato de las redes sociales se lanzaron contra los miembros de la comunidad LeBarón por solicitar a Trump que los cárteles sean tratados como terroristas. ¿Cómo reacciona cualquiera si 17 de sus familiares, niños y mujeres, sufren una masacre y permanentemente son víctimas de delincuentes?
Los miembros de las comunidades de La Mora y los LeBarón se hartaron, como están hartos millones de mexicanos, tienen doble nacionalidad, si en México les piden que abracen a los asesinos, obvio, voltean los ojos a Estados Unidos a ver si encuentran mejor respuesta.
El narcotráfico es un problema mundial que no se va a solucionar con decretos ni con acciones unilaterales, se necesita una operación multilateral que combata a los cárteles que han superado gobiernos y fronteras.
La solicitud o la decisión del gobierno de Estados Unidos de catalogar a los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras es una respuesta a la solicitud desesperada de comunidades asentadas desde hace más de 100 años en Sonora y Chihuahua, que seguramente comparten muchas localidades a lo largo y ancho del país que viven azotadas por pequeños y grandes grupos de delincuentes.
El narcotráfico es un monstruo de 1,000 cabezas que cada vez tiene más implicaciones; sus redes cada vez son más complejas y profesionales, incluyen productores, distribuidores, una red de comunicación por aire, tierra y mar, sistemas para la compraventa de armas, sofisticados esquemas económico-financieros. En medio de todo eso hay una diversificación de drogas, ya no se limita a la mariguana y la cocaína, han ganado mercado las sintéticas con fuerte demanda y bajos precios.
En México, el problema es creciente, comenzó hace muchos años con la siembra de amapola y mariguana, pasó de país productor a consumidor de toda clase de enervantes. Son innumerables las pequeñas y grandes comunidades en las que los cárteles han sentado sus reales con actividades que incluyen el secuestro, el robo, el asalto, el despojo y otras formas delictivas.
Estados Unidos, no hay duda, es el principal consumidor de toda clase de drogas; está pagando su propia cuota por el creciente número de víctimas por sobredosis y consumo de opioides.
Para usar la palabrita de moda, el punto de inflexión fueron los acontecimientos de Culiacán que derivaron en la detención y liberación del hijo del Chapo Guzmán y la tragedia en La Mora. No se confundan, ni caigan en falsos complots, lo de Evo Morales va por otra ruta; en todo caso el expresidente boliviano tendrá que explicar la sobreproducción de amapola que se dice pasó de la cuota de 3,000 hectáreas que le fue autorizada a casi 20,000 hectáreas, pero ése es otro tema.
A partir de los ataques a las torres gemelas, el terrorismo es un tema que Estados Unidos ve y trata con rigor, desde la administración de Clinton hay leyes antiterrorismo; con Bush hijo se aprobó la Ley Patriótica que autoriza al gobierno defender a los ciudadanos y los intereses estadounidenses en cualquier parte donde el terrorismo los afecte.
Aunque la administración Trump desde hace meses analiza el tema, aún falta que se cumplan algunos requisitos, es ahí donde el gobierno de México tiene la posibilidad de buscar una solución en conjunto.
Los fanáticos pueden decir lo que quieran, la gente lo único que quiere es vivir en paz y no en zozobra y pánico.
AL MARGEN
El país no está para fiestas, la angustia de miles de familias merece respeto y discreción. La economía estancada, la peor inseguridad de la historia, el deficiente servicio de salud, la sociedad enfrentada y otros problemas; no es para salir a festejar.