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Decálogo de las inversiones Parte 2 de 4
En la parte introductoria hablamos de que invertir consiste en crear un portafolio de inversión de manera tal que, sin exceder nuestra tolerancia al riesgo, pueda maximizar el rendimiento potencial en el horizonte de inversión planteado.
Esta definición por sí misma incluye varios de los puntos de este decálogo:
1. Siempre invierte con base en un objetivo definido. Aunque parezca mentira, hay muchas personas que quieren invertir pero no tienen un objetivo en mente. Simplemente quieren “hacer crecer su dinero”, pero no tienen claro en cuánto tiempo o si es dinero que podrían necesitar en un momento determinado.
Entonces es imposible ayudarles a construir un portafolio de inversión adecuado. Es muy diferente invertir dinero que podríamos necesitar en cualquier momento (como el fondo para emergencias), dinero que podríamos necesitar en cinco años para pagar el enganche de una casa, o dinero que no tocaremos hasta nuestro retiro, dentro de 30 o 40 años.
La composición adecuada del portafolio de inversión sería completamente diferente. Tener un objetivo definido nos permite tener claro el horizonte de inversión, que es uno de los componentes claves de las inversiones. También nos puede ayudar a determinar cómo podemos alcanzarlo.
Es perfectamente válido tener más de un portafolio de inversión, aunque hay que cuidar no fragmentar demasiado. Particularmente tengo dos: uno de corto plazo y elevada liquidez, en el cual manejo mi dinero para emergencias, gastos irregulares y metas de corto plazo. El otro es para la construcción de mi libertad financiera en el largo plazo (ahorro para el retiro, por ejemplo).
2. Primero el riesgo, luego el rendimiento. Comprender esto es absolutamente esencial.
Lo más importante en inversiones es controlar el riesgo. De hecho, toda la teoría de portafolios está basada en tratar de construir un portafolio de inversión tal que, dado el nivel de riesgo que hemos fijado, nos pueda ofrecer el mayor rendimiento posible.
Es decir: primero controlamos el riesgo, luego buscamos el rendimiento. No al revés.
Tristemente, la mayoría de las personas hacen exactamente lo contrario: persiguen rendimientos y se olvidan completamente del riesgo. Por eso les va mal.3.Diversifica de manera inteligente.
Diversificar usualmente se ilustra como “no poner todos los huevos en la misma canasta”. Pero es mucho más que eso: se debe hacer de manera inteligente.
Las canastas representan las distintas clases o tipos de activos. Como he explicado en varias ocasiones, sólo hay tres grandes clases de activos o maneras de invertir nuestro dinero:
1.Prestarlo a alguien más, quien se compromete a pagar intereses de manera periódica a una tasa que puede ser fija o variable y devolvernos nuestro capital después de cierto tiempo (instrumentos de deuda).
2.Invertir en negocios (instrumentos de capitales) - como las acciones de empresas sólidas y líderes en el mundo.
3.Invertir en bienes que tengan potencial de apreciarse –como obras de arte, metales preciosos, activos virtuales entre otros (commodities).
La diversificación inteligente implica elegir una mezcla de activos que refleje tanto nuestro horizonte de inversión como nuestra tolerancia al riesgo. En plazos cortos, aún si nuestra tolerancia al riesgo es elevada, necesitamos un portafolio estable y poco volátil. No así en horizontes más amplios, que nos permiten tomar mayor volatilidad a cambio de un potencial de rendimiento mayor.
Finalmente, la diversificación inteligente implica obtener un rendimiento consistente con el benchmark (parámetro o índice de referencia) en cada clase de activo. Hablaremos más sobre ello en la tercera parte.