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Opinión

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Cultura de integración

La cultura de integración consiste en saberse parte de algo que nos trasciende, nos da identidad y nos lanza a una misión, como cometido vital. Por ello la cultura de integridad es fundamental en la responsabilidad social, que nos lleva a sabernos miembros de una organización, de una comunidad, de un país.

Por ello quiero centrar mi comentario en una expresión que dio un periodista estadounidense en el marco del largo viaje a Cuba y Estados Unidos que hizo el papa Francisco. El periodista, al referirse al entusiasmo de la gente, afirmaba, seas o no creyente, las personas se sienten movidas a ser parte de esto que esta sucediendo . A mí la frase me impactó. Hay muchas personas que quieren ser parte de una realidad que puede ser abierta y plena de sentido.

¿Y qué es lo que está ocurriendo? Me atrevería a decir que lo que estamos viendo es una revolución de las expectativas. Mientras que los fanáticos de un supuesto pasado siempre mejor entristecen el ambiente con sus sentimientos de desilusión y de imposibilidad de mejora, el papa Francisco nos invita a salir y a descubrir que en medio de los dolores y de las contrariedades de la vida podemos ser mejores, y que podemos ayudar a que otros también lo sean.

Todos en cualquier situación podemos mejorar lo que estamos haciendo, no por exceso de cualidades personales, sino por que cada día Dios nos regala la promesa de que a través de las situaciones más comunes podemos y debemos superar obstáculos para ayudarnos y ayudar a los demás a servirnos mutuamente. Los enfermos podemos ser mejores enfermos sonriendo y ayudando a los que tratan de apoyarnos. No hay situación humana a la que no pueda llegar el aliento de la capacidad de hacer más y mejor.

Es una cuestión compleja porque no resulta fácil hoy la integración. El gran problema es la exclusión, la marginación, lo que el papa Francisco llama la cultura del descarte. Los hijos son descartados por los padres, y luego los padres son descartados por los hijos. Nadie quiere complicarse la vida, con la responsabilidad de hacerse cargo de otras vidas.

En las comunidades y en las organizaciones las élites de poder descartan a todos los que no forman parte del núcleo de los que se apoderan del protagonismo y las decisiones.

No se dan las oportunidades de participación, no se toma en cuenta a los involucrados. Se administran los recursos y se busca la eficiencia, pero se colapsa el contacto humano. Las empresas y las organizaciones tratan a sus miembros como instrumentos, como sujetos empleables a discreción.

El llamado del papa Francisco es claro: hay que dar un sí rotundo a la cultura de la integración. O parafraseando al periodista, hay que construir puentes y caminos, para que las personas puedan tomar parte en la gran aventura de la vida personal y colectiva.

Hay que recuperar el sentido de comunidad y de fraternidad, que se expresa un angustioso grito: déjennos ser parte de nuestras sociedades, instituciones y organizaciones; dennos la oportunidad de colaborar; permítannos poder aportar a la construcción de un ideal más grande que nosotros mismos.

El mensaje del papa Francisco se puede resumir en el no a la expulsión, en el no al rechazo, en el no a la indiferencia, y en el sí al reconocimiento de los demás, en el sí a sus personas y a sus aportaciones, en el sí a la integración y al valor y la responsabilidad de cada una y cada uno de nosotros.

*Director del Centro de Estudios para la Gobernabilidad Institucional (CEGI) del IPADE Business School.

Twitter: @ipade

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