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Opinión

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Competencia en agronegocios (II)

El aprovechamiento de las ventajas comparativas que tienen ciertas regiones o países para el cultivo de algunos productos se torna indispensable en la competencia y especialización que se da en el campo, como el cacao, un cultivo que en México se consumía desde tiempos prehispánicos y dio origen al chocolate. Aunque el cacao tuvo su origen en México y sigue siendo uno de los grandes productores del mismo, ya ha dejado de ser el principal desde hace tiempo. Grandes multinacionales con sedes en diversos países son las que controlan gran parte de la fabricación, por ejemplo Nestlé y Kraft.

La producción de algunos bienes agrícolas se tornó global y como se podían conseguir en diversas regiones del mundo, la comercialización de los mismos también se globalizó y se tendió a fijar precios internacionales. Dado que en algunas regiones las cosechas eran muy buenas y en otras no, las prácticas comerciales fijaron precios futuros, para poder estandarizar y hacer cómoda su comercialización mundial, lo que hoy en día se conoce como commodity y se aplica a un gran tipo de productos minerales y de origen agrícola.

El comportamiento en el precio de los commodities, que tienen que ver con el mercado internacional, nos da una idea sobre el desempeño que seguirán las exportaciones o importaciones de algunos productos en México. Por ejemplo, la carne de res pasó de un precio promedio por kilo de 1.93 dólares en el año 2000 a 4.1 dólares por kilo en el 2013, una variación similar a la observada en el precio de la carne de borrego, que de 2.6 dólares por kilo en el año 2000 subió a un precio promedio de 5.7 dólares en el 2013.

A otros productos no les ha ido nada bien. Es el caso del precio promedio del azúcar en Estados Unidos, que ha tenido una caída de 23.2% en los últimos 14 años, ya que en el año 2000 el precio fue de 56 centavos de dólar por kilo, mientras que durante el 2013 el precio promedio fue de 43 centavos de dólar. Esto puede ayudarnos a inferir que la industria azucarera estadounidense no la está pasando muy bien, por lo que no es extraño que los norteamericanos hayan presionado para establecer un arancel a las importaciones de azúcar provenientes de México.

En el sector coexiste una atomización de explotaciones agropecuarias con un número relativamente reducido de empresas transformadoras y distribuidoras. Los compradores de los productos primarios, las grandes multinacionales del sector, mantienen el poder de mercado a pesar de su antigüedad. Siguen manteniendo una capacidad de influencia en la formación de precios muy importante, muy superior desde luego al de los productores. Es el caso del subsector cárnico, protagonista de verdaderas megafusiones. Parte de estas situaciones deberá ser abordada por el estudio que ha prometido la Cofece para agosto, donde analizará las condiciones de competencia del mercado agroindustrial.

Esa desigualdad en la presencia en los mercados debería ser un primer centro de atención de autoridades nacionales y de agencias multilaterales. Por lo menos para decidir si es posible alguna estrategia para reducir la concentración de poder. Ese control se ha de ejercer sin amenazar la continuidad de la inversión para que la producción siga posibilitando la reducción del hambre, la completa alimentación de toda la población global.

*/Máster y doctor en Derecho de la Competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del área de competencia, protección de datos y consumidores del despacho Jalife & Caballero

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