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Bien por acumular municiones

Al parecer la economía mexicana va a tener un cierre de año favorable. En Estados Unidos hay señales de una mejor dinámica en las ventas comerciales y la producción industrial sigue con una dinámica aceptable.

Aquí en nuestro país parece que la demanda interna tiene un repunte incipiente en la temporada de fin de año.

A pesar de ello, las autoridades económicas solicitaron al Fondo Monetario Internacional (FMI) una ampliación de la línea de crédito flexible para contingencias de 43,000 millones a 73,000 millones de dólares. Esto a pesar de que, desde que se aprobó la línea original, las reservas internacionales han aumentado cerca de 20,000 millones de dólares.

La precaución de nuestras autoridades no es infundada. Si bien es cierto que la economía registra un crecimiento positivo y se espera que éste continúe, la fragilidad en el sector financiero sigue siendo amplia, en especial al ver que varios fenómenos adversos en los mercados globales continúan latentes o bien toman forma demasiado rápido.

Uno de esos fenómenos es la persistencia del problema europeo. Al día de hoy no hay una solución de fondo a los problemas de viabilidad financiera que tienen varios países.

Se arregló la situación crítica de Irlanda, pero todo mundo duda de Portugal y también de España. Justo ayer hubo de nuevo pronunciamiento en sentido negativo por parte de agencias calificadoras con respecto a su perfil.

Una crisis de financiamiento en España no sería algo tan ajeno para nuestro sector financiero.

La explicación es obvia. No sólo los diferenciales de las tasas que paga el gobierno español han subido en este episodio de escepticismo, también lo han hecho las que pagan los principales bancos ibéricos. Los inversionistas dudan sobre la sanidad de las estructuras financieras de dichas entidades.

Otro problema que ha tomado una dimensión enorme en días recientes es la fuerte alza de tasas que se registra en los bonos del Tesoro de largo plazo en Estados Unidos.

En cuestión de un mes las emisiones a plazos mayores a siete años han aumentado sus tasas en más de 100 puntos base, ello implica pérdidas importantes para sus tenedores y más aún, una dirección en sentido contrario a lo que pretenden las autoridades.

Al parecer los inversionistas de bonos (lo comentamos la semana pasada) no ven con buenos ojos que Estados Unidos incremente su déficit fiscal a través de nuevos planes de estímulo. La postura es muy clara, están exigiendo un premio mayor a las tasas de largo plazo.

Este fenómeno está repercutiendo en las curvas de tasas en todo el mundo. En México no somos la excepción, las tasas a plazos de 10 o 15 años han rebotado con fuerza. Un bono a 10 años que a principios de noviembre cotizaba a 6.30%, actualmente cotiza un punto porcentual por arriba.

El problema es que la tenencia de valores de deuda mexicana de largo plazo en poder de extranjeros se duplicó en el transcurso del año. De poseer más o menos 290,000 millones de pesos hace un año, actualmente los extranjeros tienen bonos por poco más 450,000 millones.

Si los mercados se sacuden debido a que estos problemas se agravan, hay un riesgo claro de que en México se presente una venta masiva de estos papeles por parte de inversionistas globales, lo cual generaría una fuerte inestabilidad en los mercados, principalmente en el tipo de cambio.

Es mejor prever y acumular municiones. Bien por las autoridades. No hay un panorama claro, a pesar de la recuperación como para hacer lo contrario.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex. perspectivas@invex.com

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