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Finanzas Personales

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Reflexiones sobre la congruencia en la vida y las finanzas (Parte 2 de 2)

Joan Lanzagorta | Patrimonio

Todos sabemos cuál es el secreto para generar un patrimonio a largo plazo. Es muy simple e intuitivo: uno tiene que ahorrar una parte de lo que gana e invertir ese dinero sabiamente durante muchos años, con constancia y disciplina.

Invertir sabiamente significa hacerlo en instrumentos (pueden ser negocios) que tengan el potencial de generar un rendimiento real (arriba de la inflación) en el largo plazo y aprovechar el poder del interés compuesto a nuestro favor.

Pero decirlo y hacerlo son dos cosas distintas. Para empezar, como mencioné en la primera parte, mucha gente que gana bien y parece que tiene recursos, lo debe todo y en realidad no tiene nada (más que cosas).

Pero también hay muchos que sí ahorran, pero invierten ese dinero con una falta de congruencia total. Unos persiguen rendimientos y se olvidan del riesgo. Otros quieren puros instrumentos “seguros” y ponen su ahorro para el retiro (que es de muy largo plazo) en Cetes a 28 días (que son de muy corto plazo). Algunos más privilegian las operaciones inmediatas, muy especulativas e incluso utilizan apalancamiento, que incrementa exponencialmente el riesgo.

Eso me preocupa mucho. Es impresionante ver la cantidad de personas que invierten en cosas que no tienen nada que ver con su horizonte de inversión. Eso se da en ambos sentidos, porque también están aquellos que ponen parte de su fondo de emergencias (dinero que uno podría necesitar en cualquier momento y que por naturaleza debería estar en instrumentos de muy baja volatilidad) en Bolsa.

La falta de congruencia en inversiones puede ser fatal y es, en gran medida, responsable de muchas malas experiencias. Por ejemplo, hoy hay muchos interesados en invertir en oro y plata porque “han dado rendimiento excelentes últimamente”. Hoy sus precios están mucho más altos que hace un año. Eso no significa que no puedan seguir subiendo. Puede ser. Pero el riesgo es mucho mayor.

En general, uno debería comprar cuando los precios de los activos están bajos y venderlos cuando han subido. Así es como se gana dinero en las inversiones. Pero la gente hace exactamente lo contrario: tiende a comprar cuando los precios están altos, cuando ya han dado rendimientos. Porque quieren participar de la fiesta, disfrutar las ganancias que ya han tenido otros.

Pero los mercados tienen ciclos. Hay volatilidad, suben y bajan. En ocasiones están eufóricos y en otras están de capa caída. Nada sube eternamente.

Los grandes inversionistas compran cuando nadie quiere comprar y venden cuando todos quieren comprar. Así es como hacen dinero. Suena muy simple, pero en realidad se requiere mucha disciplina y visión. Por eso son tan pocos quienes lo logran.

De esta forma, el 90% de las personas estaremos mejor y más seguros si invertimos de manera constante nuestros ahorros cada vez que recibimos un ingreso en un portafolio diversificado de bajo costo, independientemente de los precios o momentos del mercado.

Eso es lo que puede hacer toda la diferencia en el largo plazo. Pero poca gente lo hace y muchos tienen miles de pretextos para no hacerlo como “no gano lo suficiente”, “no confío en los mercados”, etc.

También hay muchísimas personas que dicen lo importante que es la seguridad de su familia, pero que no tienen un testamento, ni un seguro de vida y que piensan que la tarjeta de crédito es “para una emergencia”.

También hay otras que compran demasiados seguros que no necesitan, pero que les venden agentes de bajos escrúpulos. Sin dejar de lado aquellos que adquieren seguros sin entender bien qué cubren y qué excluyen. Por eso se dan las malas experiencias.

En fin, en todos lados hay incongruencias entre lo que queremos, lo que pensamos, lo que decimos y lo que en realidad hacemos. Poca gente se da cuenta de eso. Es un fenómeno que no es exclusivo de las finanzas personales. Se da también en muchos otros aspectos importantes de nuestra vida.

En estos ejemplos hemos podido ver cómo algunas de estas incongruencias son la fuente de muchos problemas. Por eso me parece importante reflexionar sobre esto.

Es fácil ver las incongruencias e inconsistencias en los demás, pero es increíblemente difícil verlas en uno mismo. Es un asunto conductual apasionante y a la vez complejo.

Pero hay que tratar de encontrarlas. Ahora que escribo esto, recuerdo las palabras de una psicóloga que conozco, que suele decir: “lo que te choca, te checa”. A veces lo que nos molesta de los demás, es el reflejo de lo que nosotros hacemos. De la misma forma, en ocasiones nuestras propias inconsistencias las podemos ver reflejadas en otros. Vale la pena pensarlo.

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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