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La clave para crear hábitos alimenticios saludables desde la infancia
Comprender cómo se alimentan, aprenden y exploran los niños durante sus primeros años es clave para fomentar hábitos saludables y una relación positiva con la alimentación que los acompañe toda la vida.
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A partir del primer año de vida, los niños se transforman en pequeñas fuentes de energía que exploran el mundo que los rodea con una curiosidad insaciable. Esta etapa no solo marca un intenso desarrollo físico, social y cognitivo, sino que también representa una ventana de oportunidad para establecer hábitos alimentarios saludables que sentarán las bases de su nutrición a lo largo de toda la vida.
Durante el periodo preescolar, la velocidad de crecimiento disminuye en comparación con el primer año, lo que impacta directamente en sus patrones de alimentación.
Por ejemplo, es común observar una reducción en el apetito, un fenómeno natural que a menudo genera preocupación en los padres. Sin embargo, es importante entender que esta modificación, en la mayoría de los casos, se debe a un crecimiento más lento y a un mayor interés del niño por su entorno, que puede distraerlo de la alimentación.
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Los niños tienen una capacidad innata para regular su ingesta de alimentos, respondiendo a sus señales internas de hambre y saciedad. Forzarlos a comer más de lo que desean puede alterar este equilibrio natural y, a largo plazo, favorecer la aparición de sobrepeso y obesidad.
Por ello, es fundamental conocer sus comportamientos alimentarios y, ante cualquier duda, consultar a un profesional de la salud. Ana Villarreal, gerente de Nutrición y Bienestar, comenta:
“Fomentar buenos hábitos de alimentación desde la infancia es una de las inversiones más valiosas para una vida saludable. Al integrar a los niños en el entorno familiar de las comidas y respetar sus señales internas de hambre y saciedad, les ayudamos a construir una relación positiva y duradera con la comida”.
Otro desafío común al que se enfrentan muchos padres, y que con frecuencia puede generar frustración, es la neofobia alimentaria, es decir, el rechazo a probar nuevos alimentos. En esta etapa, es posible que los pequeños limiten su dieta a unos cuantos alimentos.
La clave está en la paciencia y la persistencia: ofrecer un alimento nuevo en repetidas ocasiones (entre cinco y diez veces) les brinda la oportunidad de familiarizarse con él y, eventualmente, aceptarlo. No obstante, también es importante observar sus reacciones y respetar sus gustos y preferencias.
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Integración y exploración sensorial
Alrededor del primer año de edad, la integración del niño a la alimentación familiar es esencial. Sentarse a la mesa con la familia no solo fomenta hábitos y costumbres saludables, sino que también les proporciona un sentido de seguridad y pertenencia.
Además, se recomienda establecer rutinas y horarios de comida, dejando atrás gradualmente la alimentación a libre demanda.
Comer es una actividad placentera que involucra todos los sentidos. Por ello, estimularlos durante las comidas puede convertir este momento en una experiencia de aprendizaje y disfrute:
- Vista: presentar platillos con formas variadas, colores atractivos y presentaciones creativas estimula su apetito y curiosidad.
- Oído: incluir alimentos crujientes, como galletas integrales o varitas de verdura, añade una dimensión auditiva a la experiencia. Conversar sobre la comida también enriquece este momento.
- Sabor: ofrecer diferentes sabores en cada comida, introduciendo nuevos de forma gradual y sutil.
- Aroma: permitirles percibir el olor de los alimentos, combinando aromas intensos y suaves para lograr un equilibrio agradable.
- Tacto: proporcionar una variedad de texturas (suaves, espesas, con trozos, crudas o cocidas) y permitirles explorar los alimentos con las manos.
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Estrategias para fomentar hábitos saludables
Promover una alimentación adecuada es un esfuerzo continuo que puede integrarse en las actividades diarias:
- Planificación de los menús familiares: involucrar a todos en la elección de los platillos semanales, considerando gustos y preferencias, siempre bajo la guía de los adultos y siguiendo las recomendaciones de una alimentación equilibrada.
- Compra de alimentos: aprovechar este momento para compartir información nutricional básica (por ejemplo, explicar que la zanahoria aporta vitamina A, importante para la salud visual), despertar la curiosidad por nuevos alimentos y fomentar la conciencia sobre el costo y la temporalidad de los productos.
- Preparación de alimentos: permitir que los niños participen en tareas sencillas y seguras, como seleccionar, lavar, pelar o trocear ingredientes, siempre bajo la supervisión de un adulto.
La etapa preescolar es un lienzo en blanco sobre el cual se construye el bienestar futuro de los niños. Cada decisión y cada interacción con la comida, desde la planificación de los menús hasta la convivencia en la mesa familiar representan una valiosa lección de vida.
Al fomentar hábitos alimentarios conscientes y respetuosos de sus propias señales de hambre y saciedad, les brindamos una herramienta fundamental para crecer fuertes, sanos y desarrollar una relación armónica y duradera con la alimentación.
Esta inversión temprana en su nutrición, acompañada por la orientación de un especialista cuando sea necesario, constituye la base de una vida plena, activa y saludable.