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El mundo también buscó frenar a las barras
Para combatir la violencia de los fanáticos radicales, Inglaterra implementó medidas excluyentes, Alemania y Bélgica usaron modelos de negociación y Colombia un esquema de prevención.
Foto: AFP
La violencia en las barras del futbol ha sido un problema difícil de erradicar, sin embargo, existen ejemplos alrededor del mundo en el que actuar de manera preventiva y tomar medidas como el aumento al costo de las entradas, el estudio de los problemas socioculturales, así como la implementación de leyes sobre actos violentos, la capacitación de policía especializada, la credencialización de fanáticos y el veto de algunos de ellos de los estadios han sido parte de la ecuación para controlarlas tomando en cuenta sus respectivos contextos.
Tras la muerte de 96 aficionados en la tragedia del estadio de Hillsborough en 1989, el futbol británico sufrió una reforma para contener a la violencia en el deporte. Cambiaron el modo de gestión de la policía, tuvieron tolerancia cero con los Hooligans, se crearon leyes que penalizaban con cárcel los actos violentos y, entre otras medidas, se incrementó el costo de los boletos para excluir a las clases populares.
“Es un modelo de gestión que ha sido exitoso en algunos aspectos pero ha sido excluyente en otros”, dijo el sociólogo del deporte, Fernando Segura Trejo, colaborador de la Facultad Latinoamericana Unipol en México y la ONG Salvemos al Futbol en Argentina. Aunque en Inglaterra se ha eliminado al hooliganismo visible, estos continúan existiendo en pubs y bares.
Por otra parte, Segura Trejo, que también tiene el grado de Doctor por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, indica que existen modelos mixtos, como en Alemania y Bélgica, donde se ha permitido a grupos de Ultras a partir de negociar con ellos para que puedan alentar en los estadios dentro de sus respectivos sectores siempre y cuando no se den actos de violencia y, en caso de que estos ocurran, las sanciones son importantes.
La contención de los fanáticos radicales en Bélgica también tiene que ver con la creación de leyes para el ámbito del futbol, con la implementación de sanciones administrativas y legales, con el compromiso de cada club de garantizar su propia seguridad pública, con la credencialización de los aficionados y con el acompañamiento social de aquellos más conflictivos, según la publicación del Dr. Fernando Segura, '¿Gestión de la violencia en el fútbol?: perspectivas críticas sobre Inglaterra y Bélgica'.
Por otra parte, en el escenario latinoamericano algunos lugares de Colombia, como Medellín, tienen un esquema de 'barrismo social' en el que se invita a estos grupos a hacer trabajo social y en ocasiones reciben apoyo para realizar proyectos culturales. Es decir, en vez de estigmatizarlos, se trabaja con ellos “para que esa energía juvenil que a veces se traduce en agresiones se convierta en arte, cultura, música u orquestas, por citar algunos ejemplos”, dijo Segura Trejo, sin embargo, también enfatizó que esto no ha impedido que hayan enfrentamientos.
“En el modelo colombiano se privilegia la inserción y la reinserción social. Ha habido algunos incidentes en Colombia, es un país donde hay altos grados de violencia, igual que en México, pero el camino que han adoptado ellos es trabajar con las barras”.
Uno de los fenómenos barristas más difíciles de controlar habían sido los de Argentina. En 2013, tras el deceso de un aficionado, los organismos de seguridad y la Asociación del Futbol Argentino (AFA) determinaron que ningún equipo podría recibir a la porra visitante durante los partidos de la liga, medida que se mantuvo hasta 2021.
“No sólo las muertes no disminuyeron, las agresiones tampoco disminuyeron a jugadores, árbitros y directivos por partes de aficionados. Luego hubo otro fenómeno, esto muy propio de Argentina, que se empezaron a pelear las barras por espacios entre sí (...) como no había un rival en la tribuna de enfrente, la atención pasó a la propia barra”, puntualizó Fernando Segura. La organización Salvemos el Futbol contabilizó que entre 1984 y 2017 en Argentina murieron 210 personas a causa de hechos violentos relacionados con este deporte.
Aunque se trató de endurecer por ley las penas contra las 'barras bravas', luego de que se suspendiera la final de la Copa Libertadores en 2018 debido a un ataque de los aficionados de River Plate al autobús de Boca Juniors, no fue hasta después del confinamiento por la pandemia, cuando el regreso a los estadios se hizo de manera cautelosa, que se comenzó a observar un progreso esperanzador. La provincia de Córdoba comenzó con el ensayo de volver a introducir a la afición visitante y desde entonces “no ha habido grandes incidentes”.
rrg