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Capital Humano

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¿Rezagos o avances en Inteligencia Artificial y el papel de los líderes?

Quizá uno de los puentes más difíciles de cruzar es el de transitar del ambiente de laboratorio de experimentación al ambiente productivo. Con más frecuencia de la que nos gustaría, nos enfrentamos al temor de que las herramientas y aplicaciones de inteligencia artificial tengan una repercusión adversa.

Con más frecuencia de la que nos gustaría, nos enfrentamos al temor de que las herramientas y aplicaciones de inteligencia artificial tengan una repercusión adversa.FOTO: SHUTTERSTOCK. 

A través del informe de Deloitte titulado Estado de la IA en las empresas es posible observar dos insights por demás relevantes que nos permiten ubicar, al menos en parte, la situación que guarda la adopción e implementación de la inteligencia artificial.

El primero de ellos es ante todo un síntoma. De acuerdo con el estudio, alrededor del 60% de los colaboradores ya tienen acceso a herramientas de IA autorizadas en sus organizaciones; sin embargo, no necesariamente las utilizan para desarrollar sus programas de trabajo a diario.

Al respecto, los equipos de Recursos Humanos tendrían que avocarse a identificar con agilidad cómo se está presentando este fenómeno. En primer término, para ubicar qué es lo que está sucediendo con el otro 40 por ciento de los trabajadores. Ahí necesitamos preguntarnos cuál podría ser el freno e incluso las principales razones de rechazo, abandono o falta de vinculación tecnológica con las herramientas.

Usos y gratificaciones de la IA

Con relación al otro 60 por ciento, se torna indispensable conocer cuáles son los usos y gratificaciones que están obteniendo los trabajadores a partir de la IA. Por ejemplo, si se enfocan en transformar la manera de hacer el trabajo, o bien, si por el contrario hay una aplicación dirigida al entretenimiento y la distracción. Así de amplio puede ser el espectro donde están dándose las brechas.

Estudiar los usos y gratificaciones de la inteligencia artificial en la organización ampliará el panorama del análisis. A través de este tipo de seguimiento, será posible conocer aspectos relevantes como el significado o valor atribuido por los colaboradores a las herramientas y sus aplicaciones. Este aspecto resulta fundamental para comprender el por qué de las actitudes y conductas de las personas hacia la tecnología.

Asimismo, el análisis permitirá encontrar cuáles son las herramientas de uso frecuente, cuáles son los objetivos detrás de la utilización, cuánto tiempo se destina a la interacción con ellas y, sobre todo, cuáles son los beneficios reales o percibidos para la persona, el equipo y la empresa.

No obstante, comprender la naturaleza de la relación de las personas con la inteligencia artificial es apenas una parte de la ecuación para entender con mayor profundidad si nuestra organización presenta avances o retrocesos en la materia.

La otra cara de la moneda

Tenemos el segundo dato significativo que nos aporta Deloitte por medio de su estudio. Con relación a los líderes, el informe revela que únicamente un 25% de ellas y ellos afirma haber pasado más del 40% de los casos de experimentación a un ambiente productivo.

Esta podría ser, al menos en parte, una de las posibles causas subyacentes que fomentan el apego o desapego de la fuerza de trabajo con relación a las herramientas de Inteligencia Artificial. Pensemos, si la experimentación y generación de prototipos de aplicaciones de la IA se circunscribe al ámbito de los equipos dedicados a la investigación y desarrollo, ¿estamos siendo omisos en comunicar sobre el esfuerzo de innovación y sus resultados? ¿Cómo esperamos involucrar a las personas en uno de los retos más desafiantes de la era actual?

La ausencia de comunicación y divulgación sobre los proyectos de innovación para aplicar la IA en la empresa puede ser una de las razones que frenan su socialización e impacto entre los colaboradores. Aquí me refiero a la importancia que tiene generar una conversación efectiva, suficiente y oportuna sobre qué tanto está la empresa involucrada con el desarrollo tecnológico.

Y no quiero decir con ello que deba ponerse en riesgo el secreto industrial. En estricto sentido, hay que poner en la agenda “el gran proyecto” de innovación para genera expectativa y cierta inquietud para que las personas se enteren y comiencen a experimentar deseo por ser parte de “aquello nuevo” que se está “cocinando”.

Pero quizá uno de los puentes más difíciles de cruzar es, justo, el de transitar del ambiente de laboratorio de experimentación al ambiente productivo. Con más frecuencia de la que nos gustaría, nos enfrentamos al temor de que las herramientas y aplicaciones de inteligencia artificial tengan una repercusión adversa.

Pasar del ambiente experimental al productivo puede quedar en pausa por razones que van desde factores éticos hasta técnicos, operativos y financieros. Aunque hay que reconocer que el temor a que la fuerza de trabajo rechace una innovación de este calibre es uno de los que arrojan mayores sombras.

En este sentido, los líderes necesitan fortalecer el proceso de innovación tanto como sea posible, partiendo de la base de que el ensayo y error forman parte de estos protocolos de creación de nuevas ventajas competitivas.

A su vez, al fomentar la construcción de conocimiento sobre los usos y gratificaciones de las personas sobre la IA, permitirá encontrar cuál es el océano azul o, en todo caso, el territorio con mayores posibilidades de penetración entre la población de trabajadores.

Gestionar el riesgo sin asfixiar la innovación

La implementación de la inteligencia artificial todavía se encuentra en una atmósfera de avances, retrocesos y rezagos. Aquí lo que resulta crucial es no quedarse con los brazos cruzados, mirando de forma pasiva cómo los competidores adquieren velocidad ante los clientes e inversionistas.

Una vez más, los equipos de liderazgo deben fortalecer de manera integral la innovación y para ello, la gestión del riesgo no puede ser tan excesiva que acabe por eclipsar y colapsar la generación de prototipos.

No podemos ni debemos tener miedo a cómo va a reaccionar el capital humano. Antes bien, tendríamos que generar un ambiente de confianza que permita que todos y de forma paulatina, abracen las bondades de la Inteligencia Artificial.

Con más de 35 años de trayectoria, es experto senior en prácticas empresariales de cultura, liderazgo, diseño organizacional, talento, engagement y gestión del cambio. Articulista y conferencista.

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