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Ataque en Teotihuacan evidencia riesgos por insuficiencia en vigilancia y recursos

El incidente de este lunes en una de las zonas arqueológicas más visitadas del país exhibe vulnerabilidades estructurales: déficit de custodios, presupuesto limitado y alta afluencia sin regulación. El sindicato plantea reforzar vigilancia, revisar accesos y considerar la presencia de fuerzas de seguridad. “Debemos pensar cómo reforzar las medidas de seguridad”, dice Enrique Vidal Dzul.

El atentado de este lunes en Teotihuacan provocó pánico entre los visitantes y una movilización policiaca inusual. foto ee: especial

La balacera registrada la mañana de este lunes en la zona arqueológica de Teotihuacan, misma que hasta el cierre de esta publicación resultó en al menos cuatro personas lesionadas y dos fallecidas, “es resultado de un riesgo latente. Por más inoportuno que resulte decirlo, un hecho así debe ponernos a pensar en más medidas para evitar futuras incidencias”, señala en entrevista José Vidal Dzul Tuyub, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura (SNTSC), quien además fue custodio por muchos años para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y quien en marzo del año pasado advirtió en una entrevista con este diario sobre los riesgos que enfrentan zonas como la mencionada por la falta de custodia y vigilancia.

“(El incidente) tiene que ver el con tema del presupuesto y también con las contingencias nuevas que tenemos que enfrentar. Era impensable que en un nivel tan alto de cultura exista este tipo de conductas antisociales. Debemos pensar cómo reforzar las medidas de seguridad en sitios como el Museo Nacional de Antropología (MNA), del Virreinato o el Templo Mayor, es decir, lugares que tienen una alta concentración de visita pública nacional y extranjera”.

En este sentido, comenta el representante sindical, si bien en sitios como el MNA hay arcos de detección de metales, en el caso de Teotihuacan —una zona de poco más de 260 hectáreas, con cinco accesos y alrededor de 150 personas laborando—, al que pueden entrar más de 20 mil personas en un día, el tema es complejo. Propondremos copiar los modelos de otros países: por ejemplo, en Machu Picchu, Perú, no pueden ingresar más de 5,600 personas por día. Consideremos la regulación de ingresos, esto con la finalidad de brindar la seguridad correspondiente”.

El fatal incidente de Teotihuacan, señala José Vidal, reaviva el tema sobre la presencia de la Guardia Nacional en las zonas arqueológicas o en su periferia. No lo ve con malos ojos, dice: “Me parece que podría ser una medida que al inicio puede tratar de inhibir este tipo de conductas (violentas), porque se observa el acompañamiento de la figura policial del Estado.Y en el caso de Teotihuacan, hemos insistido en que es importante su presencia”, comenta aunque contrasta sobre los riesgos que implica la presencia de personal armado en una zona esencialmente cultural y la posible inhibición de las visitas a los sitios por este contraste de mensajes, “por la posibilidad de generar violencia visual, dice.

El personal, un tema de fondo

Un incidente de esta índole, nada deseado por nadie, obliga a insistir en la discusión pública sobre el posible déficit de personal especializado laborando en las principales zonas arqueológicas del país, particularmente en Teotihuacan —el segundo sitio de su tipo más visitado, con un estimado de 1.6 millones de asistentes anuales—, particularmente para encargarse de labores de custodia.

Al respecto, el secretario general del SNTSC insiste: “Necesitamos más presupuesto. Le he comentado esto a la subsecretaria de Cultura (Marina Núñez Bespalova); que es un tema que debemos revisar puntualmente. Hemos señalado la importancia de los recursos autogenerados porque es la única manera en la que podemos nutrir de presupuesto fresco al INAH”.

Por otro lado, subraya, el instituto tiene alrededor de 500 plazas que actualmente no están ocupadas. “Esto minimiza o vulnera todavía más el, de por sí, exiguo número de personas operando en las zonas. Necesitamos unas 1,000 personas más a cargo de los sitios arqueológicos. En muchas regiones, sobre todo en el sureste del país, se están abriendo nuevas áreas dentro de las zonas patrimoniales. Se ofrecen más espacios para custodiar, pero no nos incrementan el personal”.

Por lo anterior, enfatiza: “Debemos recalcar la necesidad de más presupuesto y la generación de más plazas de custodios y personal de seguridad en zonas arqueológicas para abatir cualquier intento de conductas antisociales”.

Hasta hace al menos 15 años, según los registros del SNTSC, en Teotihuacan laboraban alrededor de 200 trabajadores de base. Actualmente, menciona, hay cerca de 140. Es decir, “hay un déficit de 60 trabajadores menos, pero con más visita pública y más demanda de servicios culturales. Hemos hecho un diagnóstico y consideramos que deberían ser alrededor, mínimo, de 300 personas dispuestas en Teotihuacan para sus diferentes servicios”.

¿Restringir o no más áreas?

Finalmente, a la pregunta sobre si estima que con el incidente se restringirá el acceso a más espacios, como es el caso del primer descanso de la Pirámide de la Luna, lugar del lamentable hecho.

“Desde mi visión como trabajador del INAH, fui impulsor de que se cierren esos espacios a la visita pública. Se logró cerrar en Uxmal, en Chichén Itzá y otros espacios, primero por el riesgo que esto significaba. De hecho, se habían registrado incidentes de caídas de visitantes, ,ubo fracturas e incluso algunos fallecimientos. Se prohibió la subida, pero hubo mucha insistencia de parte de los prestadores de servicios de alrededor de Teotihuacan y nos parece que eso orilló a que autorizara la escalada al primer nivel de la Pirámide de la Luna. Pero consideramos que se debe de evitar”.

¿Qué derechos tiene un visitante con su entrada a una zona arqueológica?

Con la compra de su boleto, un visitante a un sitio patrimonial administrado por el INAH obtiene un seguro general tanto para el patrimonio cultural como para el visitante, aunque no especifica la cobertura por daños por arma de fuego y otro tipo de objetos que pongan en riesgo la integridad de las personas.

“El INAH tiene alrededor de 500 plazas que actualmente no están ocupadas, lo cual minimiza o vulnera todavía más el, de por sí, exiguo número de personas operando en las zonas arqueológicas”.

José Vidal Dzul Tuyub, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultur

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