Buscar
Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Un país de leyes, no de justicia

La física ha determinado el curso de nuestras vidas, pero apenas en el siglo XX nos dimos cuenta. Ahora, en el XXI, nos pretendemos orgánicos y creemos que es la agronomía lo que importa.

La física ha determinado el curso de nuestras vidas, pero apenas en el siglo XX nos dimos cuenta. Ahora, en el XXI, nos pretendemos orgánicos y creemos que es la agronomía lo que importa. El mundo se cae a pedazos y cada quien se protege de la lluvia a su manera, deducía Vasili Grossmann, que era ingeniero.

Para que haya física ha de suceder algo, un cambio en el tiempo. En México, sin embargo, no pasa nada. Pasaron y pasarán sucesos terribles, pero ahora máxima contribución nacional al Sistema Internacional de Unidades de Medida, que va de entre unos microsengudos a años luz no pasa nada.

Newton sentó las leyes de la física y, como es sabido, este es un país de leyes, no de justicia. Su primera ley, por ejemplo, indica que todo permanece igual hasta que es modificado. Para que algo pase, o para que no pase, se requiere de una fuerza (el principio divino) que provocará una aceleración proporcional a la magnitud del evento. También, dice la tercera de sus leyes, esa acción provocará una reacción de igual proporción y dirección, pero de sentido contrario.

El crimen, por ejemplo, contrario a lo que se cree, no avanza rápido. La justicia sí lo hace y así se confirma la paradoja de Zenón. El criminal siempre actúa antes que la policía y, entonces, parece que no hay manera de alcanzarlo, de detenerlo.

No es un problema de estática, no, el gobierno y la ciudadanía hacemos muchas cosas, pero parece que todo resulta contraproducente. No mejora la calidad de vida de la población. Tal parece que toda acción emprendida sólo eleva el nivel de entropía, esa medición física del dispendio de energía entre un estado y otro.

El presidente cree que la intención es lo que cuenta y no los hechos. Quiere mover a México y sólo logra zarandearlo. El hombre no sabe o no entendió que el movimiento es una cantidad vectorial, y más allá de la magnitud, ha de tener dirección y sentido.

El gobernador del Estado de México es otro ejemplo. Todo el tiempo se ha referido a hacer las cosas en grande en busca de lo cuantitativo sin importarle lo cualitativo. El Chapo se ha vuelto experto en mecánica de suelos. Y los gobernadores replican la paradoja de Schorindger: o sabemos lo que hacen o sabemos dónde están, pero es imposible las dos al mismo tiempo.

Los habitantes de la ciudad intuyen que dos objetos no ?pueden ocupar el mismo espacio, principio de impenetrabilidad, pero también intuyen que un automóvil puede permanecer en el mismo sitio durante horas, a menos que se lo roben.

En las calles del país, mientras tanto, se celebra a la muerte porque sería cínico festejar la vida. El vocabulario cotidiano se llena de ejecutados, desollados, justicieros del transporte público, quemados, pololeados y un largo etcétera. Ya nada parece demasiado.

Hay tantas fuerzas actuando al mismo tiempo que la suma vectorial conduce a la estática. Pasan muchas cosas para que, como dicen, no pase nada. Algunos irán presos, pero es sabido que acá no se castiga al que hace el mal, sino al que lo hace mal.

¿Culpables? Vuelvo a Vida y destino de Grossman: Los hombres son culpables ante una madre que ha perdido a un hijo en la guerra. A lo largo de la historia de la humanidad, los esfuerzos que han hecho los hombres por justificarlo han sido en vano .

¿Qué podemos hacer? Michel Houellebecq, agrónomo, sentencia: Hay cosas que se pueden hacer, y otras que parecen demasiado difíciles. Con el tiempo, todo parece demasiado difícil; la vida se reduce a eso ,

Y ahora escribo esto, ya es pasado y está a punto de no existir.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Últimas noticias

Noticias Recomendadas