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Monumento al chiste cebo
Andrés Bustamante, nuestro comediante inteligente , hace una película estúpida que puede ser el fin de su carrera.
La comedia es como una danza, como un experimento preciso. Requiere ritmo, dominio, rigor. Es curioso que no nos demos cuenta, que la tratemos como un género menor, pero eso también está en la naturaleza del género: algo hermoso que no es solemne. Como alguien que ha convertido el yo-yo en una forma de arte, el buen comediante nos hace reír sin que notemos su esfuerzo.
Pero hasta al que domina todos los trucos a veces el yo-yo se le zafa. Caso de estudio: El Güiri-Güiri y su película.
¿POR DÓNDE SE EMPIEZA CON ESTE DESASTRE?
El crimen del cácaro Gumaro es una de la películas más esperadas del cine mexicano de todos los tiempos. No exagero. Andrés Bustamante, mejor conocido como El Güiri Güiri (o Ponchito, para los más jóvenes), es uno de los personajes más queridos por el público. Cada dos años, en el Mundial o los olímpicos, sus intervenciones cómicas eran casi lo único que mantenía el interés de la gente más allá de los juegos de futbol de la selección. Para los que crecimos en los 90, el humor del Güiri Güiri fue fundamental, como Los Polivoces o las películas de Tin Tan para generaciones pasadas.
Andrés Bustamante se adelantó al humor de la era de los memes y los vines en la que hacer reír requiere más ingenio que dinero. Así eran los programas del Güiri Güiri: una peluca, unos tubos de cartón, personajes bien escritos y un actor que es chistoso como si respirara. Algunos de sus sketches eran más complicados, como los del Profesor Morfema (un filólogo que inventa el significado de las palabras), otros iban por caminos nuevos como los de Dr. Chun-ga o los del periodista fracasado Frustrado Alcántara. Algunos eran breves chistes visuales a la Buster Keaton. Era comedia de varios recursos. Aunque era evidente que contaba con buenos guionistas, también lo era la capacidad de Bustamante para la improvisación.
Sin abundar más en la carrera del comediante (para eso recomiendo el estupendo perfil que aparece en la edición de este mes de la revista Gatopardo) sólo queda agregar que, aunque muchas veces arrogante, nunca se había prestado a la mediocridad ni al chiste fácil. Hasta ahora.
PAREN ESTE MASACRE
El crimen del cácaro Gumaro es una buena idea: vamos a burlarnos de todo el cine mexicano, el actual y el histórico, el de festival y el comercial. Está muy bien, el cine mexicano es muy presumido, le hace falta ver lo ridículo que es con frecuencia. Al mando de la cinta está Emilio Portes, que con Conozca la cabeza de Juan Pérez y Pastorela había mostrado buena mano para la risa. Los guionistas son el propio Portes, Bustamante y Armando Vega-Gil, veterano de los programas originales del Güiri-Güiri. En el reparto están, haciendo papeles pequeños o de plano cameos, Chabelo, el polivoz Eduardo Manzano, Alfonso Zayas y todo un conjunto variopinto de la comedia y del cine mexicano.
Dicen que un exceso de buenos ingredientes agrian la sopa. Este no es el caso: en realidad los ingredientes son decepcionantes para empezar.
El guión tira al monte. Podía ser un divertido conjunto de parodias de películas pero de repente surge una trama absolutamente prescindible: dos hermanos (Alejandro Calva y Carlos Corona) luchan la batalla sin cuartel por el alma del pueblo de Güémez, es decir, por el cine. Uno heredó una sala de cine de piojito de su padre (Eduardo Manzano), el otro se dedica a la piratería.
Sería chistoso si... fuera chistoso. El problema con el Cácara Gumaro es que es dolorosamente poco chistosa. Quisiera poner algún chiste aquí para dar un ejemplo, pero el problema es que ninguno es memorable. Me reí una vez, cuando parodian una película de Carlos Reygadas, pero después me enteré que ese fragmento sale en el tráiler así que ustedes ya vieron el mejor chiste de la película.
Algunos buenos momentos de Bustamante, que aparece como el presidente municipal de Güémez, me parece que no se deben al guión sino a su súper poder de salirse de script y ser divertido, porque no le queda de otra.
Andrés Bustamante le declaró a Gatopardo que piensa retirarse pronto, cuando cumpla 55 años. Quizá no hace falta que espere: este fracaso puede hacer que se despida ya.
Monumento al chiste cebo, El crimen del cácaro Gumaro debe quedar archivada junto al Titanic, el totalitarismo y la invención Jar Jar Binks como uno de los grandes fracasos de la humanidad.
concepcion.moreno@eleconomista.mx