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Arte e Ideas

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Más que premios y denuncias, una gran película

Una de las mejores cintas mexicanas o de cualquier nacionalidad,? de los últimos tiempos, La jaula de oro es una gran aventura que también es un denuncia punzante.

En el cine mexicano, la infancia es trágica o no es. No es que eso esté mal per se: de Marcelino pan y vino y Los olvidados a De la infancia, la gran cinta no estrenada de Carlos Carrera, o No se aceptan devoluciones, los niños que sufren se han ganado un lugar en el corazón nuestro. Además, son cintas importantes, algunas, como la obra maestra de Buñuel, tienen un valor de denuncia que ha durado por décadas.

Pero no hay que callarlo: tanto drama (o melodrama) no le hacen justo homenaje a la infancia. Y otra verdad: para hacer denuncia a veces es más útil la sutileza.

Felizmente, ese es el caso La jaula de oro, la ópera prima de Diego Quemada-Diez. Seguramente lo ha oído en las noticias: es la cinta mexicana más premiada de los últimos tiempos, es una gran denuncia de la inmigración, etcétera. Normalmente, esas credenciales sirven para espantar al gran público. Si es su caso, ignórelas. Le digo: La jaula de oro es una gran película, impactante, sí, pero también muy entretenida.

Yo la vi en el Festival de Cine de Morelia. En todo el año pasado no vi una cinta, mexicana o extranjera (no deberíamos hacer esas distinciones, ¿verdad? Cine es cine, no importa la bandera), que me gustara más. A varios meses de distancia, la sigo recordando con la claridad que da el amor. Sí, estoy enamorada de esta película.

LA BESTIA, UNA BALSA; ?MÉXICO, EL MISISIPI

La jaula de oro es el tipo de historia que me conquista: una aventura digna de Mark Twain. Huckleberry Finn podría haber sido guatemalteco, su balsa, el tren La Bestia y México, su Misisipi. Una road movie y también una historia de crecimiento. La jaula de oro merece ser vista por muchísima gente.

Juan, Samuel y Sara son tres adolescentes centroamericanos que atraviesan México para llegar a Estados Unidos. Sara se disfraza de varón. Juan es el líder natural (o eso cree él). En algún momento se les une el misterioso y eficiente Chauk, un indígena chiapaneco.

Cada uno viaja por sus razones, todos tienen valor, todos son como Huckleberry Finn: hechos para sobrevivir. El viaje es una aventura, sí, pero, como todos sabemos (o deberíamos saber), ir a bordo de La Bestia, el tren de carga que cruza buena parte de nuestro país, es una travesía llena de desventuras.

Juan (Brandon López), el líder de facto de la pandilla, es un muchacho furioso, pero la furia es uno de los elementos centrales de la determinación. Su objetivo es llegar a Los Ángeles y ni las ampollas, los policías abusivos, los secuestradores de migrantes, la migra y los minutemen fronterizos van a detenerlo.

Quemada-Díez creó una cinta muy bien narrada, que evita el tremendismo fácil. No miente La jaula de oro: la vida del migrante es dura. Inclusive hace un cameo el padre Solalinde, el sacerdote que defiende a los migrantes en el sur. Pero tampoco olvida que la adolescencia es un camino aireado, lleno de emociones, en el que puedes ser un héroe aunque vayas casi sin rumbo, a bordo de una bestia feroz que quiere devorarte.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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