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Arte e Ideas

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Marcapasos: Cazador de minificciones

Aunque el microrrelato o la minificción nace como género literario a inicios del siglo XX en Latinoamérica, es a principios del XXI, con el uso de las tecnologías digitales, cuando se populariza entre escritores, lectores, críticos y académicos.

Aunque el microrrelato o la minificción nace como género literario a inicios del siglo XX en Latinoamérica, es a principios del XXI, con el uso de las tecnologías digitales, cuando se populariza entre escritores, lectores, críticos y académicos.

Los precursores de este tipo de literatura fragmentaria fueron el argentino Leopoldo Lugones (1874-1938), el mexicano Carlos Díaz Dufóo hijo (1888-1932), el chileno Vicente Huidobro (1893-1948) y el colombiano Luis Vidales (1904-1986), mientras que la más reciente aportación en soporte de papel, pero creada y publicada por vez primera en formato electrónico, corresponde al libro Infinitas cosas (2011, Alfaguara/UNAM, 87 p.), que pronto estará en librerías, de Hugo López Araiza Bravo (ciudad de México, 1989), ganador del Premio Caza de Letras 2010, reality show literario que el área de Difusión Cultural de la Máxima Casa de Estudios promueve año con año con diferentes géneros.

Existen asimismo tres libros fundamentales para entender la minificción: Cuentos breves y extraordinarios (1953), de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (compiladores); La oveja negra y demás fábulas (1969), de Augusto Monterroso (autor) y El libro de la imaginación (1976), de Edmundo Valadés (antólogo), que, además, en El Cuento. Revista de Imaginación, promovió, desde 1968 hasta la muerte del maestro en 1994, el Concurso del Cuento Brevísimo, cuyo requisito de participación era un texto que no exceda el tamaño de una cuartilla por una sola cara y a doble espacio de la máquina de escribir" a la vez que él también era creador de microrrelatos.

Otros cultores del género que han mantenido a México en la vanguardia de la ficción breve fueron Mariano Silva y Aceves (1886-1937), Genaro Estrada (1887-1937), Alfonso Reyes (1889-1959), Julio Torri (1889-1970), Francisco Monterde (1894-1985), Mariana Frenk-Westheim (1898-2004), Salvador Novo (1904-1975), Juan José Arreola (1918-2001), Guadalupe Dueñas (1920-2002) y Salvador Elizondo (1932-2006); el francés-español Max Aub (1903-1972) y el catalán Pedro F. Miret (1932-1988), ambos transterrados en México a razón de la Guerra Civil Española.

Así, es posible afirmar que, dada la cantidad de escritores y lectores que actualmente gozan de la ficción breve, sea el género literario más vivo de México y que, cosa paradójica, dada la calidad de los microrrelatistas no se pueda definir o diferenciar a un autor de otro, pues una de las características del cuento jíbaro, liliputiense, bonsái, o como se le quiera llamar, es que no tiene una intención de estilo más allá de la brevedad con la que se cuenta las historias, pues se trata de literatura epifánica en estado puro en la que siempre es más importante lo que se dice que quien lo dice.

Valga el siguiente ejemplo:

El mago metió la mano en el sombrero para realizar el acto final. Pero no logró sacarla. Una fuerza descomunal tiró de él hasta succionarlo por completo. Del otro lado, un público de conejos aplaudió su aparición .

¿De quién es este microrrelato? ¿De José de la Colina, de René Avilés Fabila, de Beatriz Espejo, de Óscar de la Borbolla, de Guillermo Farber, de Felipe Garrido, de Mónica Lavín, de Rogelio Guedea, de Manuel Lino, de Luis Felipe Hernández, de Luis Bernardo Pérez, de Leo Mendoza, de Juan Manuel Valero, de Amaranta Caballero, de Víctor Cabrera, de Fernando Sánchez Clelo, de Édgar Omar Avilés? Pues no, es de Hugo López (conocido en la Marina de www.ficticia.com como Le Niais) y forma parte de su libro Infinitas cosas.

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