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Arte e Ideas

Lectura 3:00 min

De psiquiatras, neurocientíficos y ?otros bichos benditos

Un recuerdo de un gran psiquiatra y de refilón de un neurocientífico de leyenda.

Al doctor Zumaya. ?Gracias por todo, doc

A Diana, mi shrink, por los consejos y las pastillas? de menta.

Hace unos días, casi dos semanas ya, en esta ciudad capital, su ciudad, murió el doctor Mario Zumaya. Al doctor le gustaba decir, como lo pone en la biografía de su blog, que era un chilango de cepa porque nació a unas cuantas cuadras del Zócalo.

Con su muerte, el doctor Zumaya deja un hueco insuperable en la terapia de pareja y en general en la psicoterapia mexicana.

Yo le tuve mucho cariño al doc: fue mi primer psiquiatra. Con él llegué a los 18 años con una depresión tremenda, con la seguridad de que nadie podría ayudarme. Sin la atención pronta y precisa del doctor Zumaya yo no sé que sería de mí. Aunque nuestra relación terapéutica fue corta (él pronto me derivó con Diana, la que sigue siendo mi psiquiatra), cuando me enteré de su muerte sentí que me robaban a un amigo, a alguien a quien llegué a querer de verdad.

Zumaya era un lector de miedo: en terapia parecía que no podía uno mencionar un libro que el doctor no hubiera leído. Y era irónico, irónico, con una puntería bárbara. Me hacía reír en momentos en los que yo no encontraba en mí la energía para reír.

Es curioso que en estos días también muriera Oliver Sacks, porque recuerdo alguna vez haber comentado uno de los textos de Sacks con el doc Zumaya.

Le decía yo al doctor que estar deprimido era como estar muerto, en animación suspendida. Entonces hablamos de Despertares, el libro de Sacks sobre personas que despiertan de un coma prolongado, y también hablamos de la película con Robin Williams basada en el libro. Dio en el clavo el doctor, leer Despertares me sirvió de consuelo.

Sacks era un neurocientífico que perseguía los casos raros que demostraban que el cerebro es todavía terra incógnita. Mentiría si dijera que soy una gran lectora de Sacks, pero lo que he leído me ha impresionado. Sus textos han inspirado a grandes creadores, sobre todo en el cine. Su libro El hombre que confundió a su esposa con un sombrero le sirvió de inspiración a Christopher Nolan para Memento, una de mis cintas favoritas. También encendió la mente del gran Harold Pinter para su obra Una especie de Alaska, sobre una mujer que sale de un coma profundo de décadas.

Tanto Zumaya como Sacks eran científicos de la mente. Sabían que dentro del cráneos podemos alojar monstruos, pero también regalos. Yo siempre salía de terapia con Zumaya sintiéndome un poco más fuerte, un poco más apta para lidiar con lo que la vida me deparó. Porque el doctor me lo dijo alguna vez: puedes encontrar respuestas en tus depresiones. Haz que signifiquen algo.

Creo que el mejor elogio que puedo hacer de un terapeuta es este: Te hace darte cuenta que eso que te duele puede servirte para algo y lo puedes solucionar.

Gracias por todo, doctor Zumaya. Ya lo echamos de menos.

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