En el 2005, un poderoso huracán de categoría 5 impactó en las costas de Quintana Roo. Sus vientos sostenidos de 280 kilómetros por hora arrasaron con todo aquello que se cruzó en su trayectoria. En tres días, Wilma transformó a Cancún y la Riviera Maya en un páramo.

Muy pocas cosas quedaron en pie tras el paso del más violento huracán en la historia de la península. La experiencia se convirtió en el más duro reto para la industria del turismo quintanarroense.

Luego de la devastación, una familia de empresarios locales, con profundo amor por su tierra y extraordinaria vocación por la hospitalidad, decidió convertir el traumático acontecimiento en una oportunidad para levantar el primero y único hotel resort en la Riviera Maya que hace compatible la sustentabilidad con un refinado lujo vacacional.

Así, la cadena hotelera Sunset World, encabezada actualmente por Orlando Arroyo Marroquín, tomó la decisión de emprender la reforestación de un predio de 138 hectáreas, para crear el Parque Natural Tres Ríos y luego edificar en el área de menor valor ambiental, de tan sólo 5.8 hectáreas, el hotel Hacienda Tres Ríos.

El diseño arquitectónico y la ingeniería del resort se realizaron a partir de criterios ambientales para favorecer la regeneración y protección de los manglares y no interrumpir el flujo de los ríos subterráneos que alimentan el manto acuífero y que son característicos en la región.

La construcción total del complejo descansa sobre 600 pilotes de 3 metros sobre el nivel del mar sobre una base de roca permeable que fueron soportando, como piezas de Lego, cada uno de los componentes de las edificaciones, fabricados fuera del predio, de tal suerte que el impacto en los manglares y en los ecosistemas fuera el mínimo posible.

“Este sistema permite el flujo natural del agua, nutrientes y fauna entre los ecosistemas”, explica Gabriel Santoyo, director de Desarrollo Sustentable de Sunset World. “La naturaleza es sagrada porque permite la vida, nos abriga y hace perdurar todo lo que apreciamos”, añade.

A 12 años del paso de Wilma, esas 138 hectáreas no sólo están regeneradas, sino embellecidas: los manglares lucen un denso y alto follaje, los ríos de aguas cristalinas permiten la proliferación de la vida subacuática; la abundancia de aves y animales que conviven con el huésped y la flora ornamental que envuelve la arquitectura, brindan al resort una atmósfera paradisiaca. Es cierto, la playa no se alcanza a ver desde la habitación, por la espesura de las ceibas y las palmeras, pero no cae mal salir a caminar y pasear en los andadores antes de ver caer el Sol tras el horizonte del mar.

Pero el hotel representa poco menos de 5% de ese solar, y está previsto que no crezca mucho más allá de su perímetro; el otro 95% está dedicado a conservar el parque natural, habilitado con caminos y veredas para que el huésped pueda recorrerlo a sus anchas, a pie o en bicicleta, y disfrutar de la biodiversidad que en él habita. Sunset World ha trabajado más de 10 años en reintroducir plantas endémicas y en incorporar otros cultivos para repoblar la flora y permitir la regeneración de la selva; sanearon los tres ríos que cruzan la propiedad para que lleguen limpios al mar, mantienen bajo especial cuidado los 10 cenotes que se localizan en la reserva, de los cuales a sólo tres pueden tener acceso los visitantes; cultivan en un vivero y un orquideario más de 120 especies de plantas que luego reintroducen al parque, que da abrigo a más de 90 especies de animales, como tejones, jabalíes, venados, jaguarundis, saraguatos, entre otras.

Sunset World consiguió en 10 años transformar el páramo en un paraíso: tremendo revés a la furia destructiva de la naturaleza.

Energía sustentable, otro gran paso

En el 2015 Sunset World dio el paso hacia la operación sostenible de Hacienda Tres Ríos, estableciendo un sistema de buenas prácticas ambientales, manejo integral de residuos y educación sustentable de sus colaboradores.

Con una inversión de 2.2 millones de dólares se han ido introduciendo tecnologías para aumentar el ahorro de energía, como nuevos equipos de aire acondicionado, sensores de movimiento para apagarlos cuando no haya nadie en las habitaciones o cuando se abran las ventanas; sustituyeron los televisores y las lámparas tradicionales por equipos de iluminación led, instalaron un sistema de captación de lluvia, una planta para tratamiento de agua residual, 150 páneles solares para calentar el líquido y suman a este propósito el aprovechamiento del calor que despiden los aires acondicionados.

Con estas medidas han logrado consumir 35% menos energía, lo que equivale a desenchufar los seis hoteles de la cadena durante cuatro meses; ahorrar 32% en el consumo de combustibles, que es como si 100 automóviles dejaran de circular durante un año; y redujeron en 32% las emisiones de CO2, que equivale a no cortar más de 23,000 árboles.

Ethos, de la granja a la mesa

Adicionalmente, la cadena hotelera cuenta con la granja Ethos y el rancho La Ilusión, que suman más de 1,500 hectáreas, donde se cultivan de manera orgánica todas las frutas y verduras y el huevo que se consumen en sus hoteles, instaurando el concepto “de la granja a la mesa”; asimismo se cultivan las flores que adornan los jardines, las estancias y las habitaciones. Y, como cereza del pastel, el cultivo y aprovechamiento de la miel tiene un papel protagonista en Sunset World, que además de ofrecer a sus comensales la mejor miel de la región, cultivada allí mismo, la usan como base para todos los productos de aseo personal y belleza que los huéspedes disfrutan en su visita a los hoteles Hacienda Tres Ríos, Sunset Royal, Sunset Marina, Sunset Fishermen, Ocean Spa y Lagunas Suites, en Cancún y Riviera Maya.

@PacoDeAnda_C