El infierno de la violencia sexual es una pesadilla de la que México parece no querer despertar.

Es la oscura realidad de decenas de personas que, en su aguda vulnerabilidad, sólo buscan el silencio.

Hay quienes dicen que cuando han estado arriba de ese nopal, sólo atinaban a imaginarse cómo sería quitarse la piel y ser sólo un hueso al que nadie pudiera lastimar.

Y en el mensaje que buscan transmitir lo suficientemente fuerte y claro, como para obligar a voltear a quienes prefieren mirar hacia otro lado, piden a los que viven en ese infierno que se dejen ayudar porque “la violencia sexual es un monstruo invisible, silencioso, que incomoda en cuanto hace poco ruido y del que pocas y pocos quieren hablar”.

De eso va el libro No es no. Guía de actuación ante la violencia sexual en México: conoce actúa, denuncia y acompaña, de Saskia Niño de Rivera, Mercedes Castañeda, Mercedes Llamas Palomar, Anna Karen González, Jessica Vallarino, José Pablo Balandra, Eduardo García y Jesús Fernando Raudales, editado por Aguilar.

Es un texto que da respuestas a 120 preguntas que tienen que ver con esa conducta, desde ¿qué es la violencia sexual?, ¿cómo se identifica?, hasta ¿qué está legislado en cada estado?, ¿dónde puedo denunciar?, si es necesario que los sobrevivientes vayan a la audiencia y ¿en qué consiste? 

Todo ello, acompañado por 19 historias de sobrevivientes, de esas que jamás deberían repetirse ni por asomo.

Relatos que hacen que los números que también ahí se exponen, no sean tomados sólo como vituperios. De acuerdo con la ONU, 35 de cada 100 mujeres ha experimentado, por lo menos una vez violencia física o sexual por parte de alguna pareja íntima; todos los días, alrededor de 137 mujeres son asesinadas por algún miembro de su familia; menos de 40% de las mujeres que experimentan violencia buscan ayuda; México se ha posicionado como el primer lugar en abuso sexual infantil a nivel mundial con 5.4 millones de casos al año.

Y sí, la violencia sexual sigue caminando a pasos agigantados y crece a medida que dos elementos se siguen presentando: falta de denuncia e impunidad, dice el texto.

Saskia Niño de Rivera cuenta, en entrevista, los porqués y para qués de este libro hecho desde la causa de Reinserta.

—¿Por qué es importante un libro como este en un país como este?

—México ha rebasado la situación de violencia sexual por mucho. Es un delito que desafortunadamente hoy está en cifras rojas y algo que hemos visto desde Reinserta es que hay poco conocimiento respecto de la realidad de la violencia sexual.

Para poder detectar que alguien está siendo víctima de violencia sexual tiene que haber el conocimiento sobre qué es violencia sexual y ponerle nombre a eso que a alguien le puede estar pasando o sintiendo y que le incomoda.

Algo que también hemos visto es que las leyes están completamente distanciadas de la realidad de las personas. Cuando la gente trata de buscar ayuda, porque está viviendo una situación de violencia sexual, se encuentra con obstáculos, incluso con un idioma jurídico incomprensible.

Hemos hablado con sobrevivientes que nos dicen: “yo acudí al Ministerio Público y me dijeron que lo que me pasó no es delito, porque estaba casada o porque estaba en estado de ebriedad”.

Por eso es muy importante este paso que, si bien, no atiende una realidad puntual que es la de la corrupción y la impunidad en el sistema de justicia penal, sí consideramos que es una herramienta muy necesaria para cualquier persona, el tener el conocimiento jurídico y psicosocial de lo que está pasando y, de esta manera, hay menos riesgo de que no sea considerada en un ministerio público.

Portada del libro No es no. Guía de actuación ante la violencia sexual en México: conoce actúa, denuncia y acompaña.

—¿A quién está dirigido?

—Está dirigido a cualquier sobreviviente de violencia sexual; a cualquiera que quiera conocer más respecto de este tema o a cualquier persona que tiene una persona cercana que está viviendo esta realidad.

—¿Por qué llegamos a la magnitud del problema de violencia sexual que tenemos en México?

—Son muchos factores. Tiene que ver con una cultura de machismo en el país. Eso me queda muy claro, pero también tiene que ver con un silencio en la cultura de la sexualidad en el país. Hay mucha represión y hay mucha ausencia de información de lo que es la violencia sexual y de lo que es la sexualidad. Hay mucha revictimización. Algo que hemos visto con agresores es que ellos, en algún momento de su vida han sido víctimas también de violencia sexual. 

—¿Cómo salimos de este problema?

—Es un tema muy complejo, porque tenemos que atenderlo desde muchas aristas. De entrada, si vamos a las cifras, la gran mayoría de las víctimas de violencia sexual en este país, tienen como sus victimarios a sus familiares directos: abuelo, papá, primo...

Eso también genera un tema de trabajo y acompañamiento con la familia y muchas veces implica denunciar a su papá, a su esposo, a su hermano, como lo puedes ver, por ejemplo, en la primera historia que ponemos dentro de nuestro libro. Es el caso de una persona que tuvo que denunciar a su esposo, que es también el papá de su hija (a quien violentó).

Otro problema es el que representa el que la sexualidad y la educación sexual en el país son un tabú por completo.

Eso nos lleva mucho a que una víctima pida ayuda a su mamá o con algún ser querido y, por el mismo tabú que genera ese tema, no se toma en consideración la denuncia de la menor. 

Nos pasa mucho que la hija le dice a la mamá: “mi abuelito me está haciendo esto” e incluso hasta las golpean y les dicen “no digas eso”, “eso no es cierto”. No les creen.

—¿Quiénes deben de participar en la solución?

—De entrada un sistema de justicia penal que garantice el derecho y el bienestar de las víctimas que están pasando por eso, a través de la no revictimización, para fortalecer el Estado de Derecho y para que las víctimas que están pasando por algo así, tengan una instancia donde puedan apoyarse.

Eso tiene que ver mucho con que hagamos un fortalecimiento donde rompamos con la corrupción y la impunidad, porque, algo que pasa muchísimo, es que las personas lo que dicen es “para qué denuncio, si me dicen que no es así”. Es suficiente con que leas cualquiera de las historias que plasmamos en el libro para que veas la impotencia o lo revictimizante que es que alguien se entienda con el sistema de justicia penal.

Falta dar mucho seguimiento de acompañamiento emocional y psicoemocional a la víctimas de este país.

—¿Qué es lo más difícil en la tarea de atacar este problema?

—La protección de las niñas y los niños que están viviendo por esto, sobre todo, cuando el mismo agresor está en casa y hace toda la diferencia que en este país no tenemos acceso a un Estado de Derecho y eso complica mucho el acceso a un proceso de justicia.

diego.badillo@eleconomista.mx