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¿Y la política aérea?

Rosario Avilés | Despegues y Aterrizajes
Queridos Reyes Magos:
Desde hace ya muchos años -tantos que seguro ya nadie recuerda cuántos- el sector de transporte aéreo mexicano ha pedido con insistencia una política de transporte aéreo (a la que después se añadió la industria aeroespacial) para tener un camino cierto y evitar las altas y bajas recurrentes en el sector.
Ustedes, que son magos, seguramente tendrán una explicación lógica a esta falta de respuesta ante una demanda que, en primera instancia, le ayuda más a quienes tienen la posibilidad de desarrollarla que a quienes la están pidiendo, es decir, las autoridades tendrían mucho más que ganar si lograran reunir en un documento maestro las líneas de acción para que la aviación y la industria aeroespacial pudieran alcanzar sus mejores niveles y no, como ahora sucede, que a cada paso se tengan “sorpresas”, tipo las decisiones del gobierno de Estados Unidos de cancelar las rutas hacia ese país desde el AIFA y el AICM, en represalia por las resoluciones unilaterales que México tomó en el pasado respecto a la carga aérea en la Zona Metropolitana y la reducción de slots en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.
Una política de Estado permitiría que hubiese reglas claras para todos los actores que operan en México: aerolíneas, aeropuertos, empresas de todo tipo de servicios, de construcción, de catering, de limpieza, de operaciones en rampa, de vigilancia, etc. además de las industrias de turismo y comercio que se benefician de la actividad aérea y que contribuyen a la inversión, al empleo, la generación de divisas, la derrama económica regional y una serie de beneficios que, seguramente, aún no han calibrado las autoridades, porque de otro modo ya se hubieran apresurado a confeccionar y consensar un instrumento como ese.
Por ejemplo, sabríamos cuál es exactamente la política de competencia en el sector aéreo, y podríamos sacar como conclusión qué es lo que hará la Comisión Anti Monopolios (organismo que sustituyó a la antigua Cofece) en el caso de la anunciada asociación entre Viva y Volaris, que juntas dominarían alrededor del 70% del mercado.
También tendríamos una idea de qué es lo que sigue en el tema del bilateral aéreo con Estados Unidos porque las sanciones que impuso el Departamento de Transporte (DOT) de ese país a México siguen vigentes, aunque no han avanzado, y no se sabe bien a bien qué procede.
Además, en una política de Estado se perfilaría claramente cuál sería la vocación de la aerolínea estatal Mexicana de Aviación y qué tipo de definiciones habría en los esfuerzos por conectar a las plazas que se quedaron desatendidas después de los problemas de Aeromar, TAR, Aerocalafia y demás, así como qué tipo de impulso se le podría dar a la conectividad regional que de mucho podría servir para apuntalar al Plan México.
También se podrían tener más recursos para la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), y Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam), sobre todo para que se le autoricen más plazas de controladores porque hay un déficit de 500 de estos profesionales, lo cual es un problema para nuestro espacio aéreo.
En fin. No es la panacea, pero mucho ayudaría a que la aviación mexicana fuera mejor. Ojalá traigan ese regalo.

