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Política

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“Hay que esperar porque esto sigue siendo impredecible”

Ciudadanos venezolanos explican que la mayoría que vive fuera quieren regresar a su tierra, “claro que sí… Pero primero tiene que cambiar de verdad. No solo en el nombre del que manda, sino en la forma en que se vive”.

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Arturo Rojas

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, su traslado a Nueva York y su comparecencia ante un tribunal federal es considerado por ciudadanos venezolanos, que hoy viven fuera de su país, como un golpe simbólico importante, pero insuficiente.

Algunos alojados en campamentos improvisados en la Ciudad de México relatan que tienen dudas de que exista algún cambio en el sistema político que provocó la crisis humanitaria, la represión y el éxodo masivo de venezolanos.

Exponen su preocupación e incertidumbre sobre en manos de quién quedará la conducción de su país, al cual afirman es muy pronto para regresar.

“El régimen nos expulsó”

Para Daniela Pérez, una joven venezolana que migró junto con otros connacionales, las noticias sobre la caída de Nicolás Maduro provocaron una reacción de alegría, esperanza y cautela al mismo tiempo. “Estamos felices, claro que sí, pero sabemos que esto apenas es el principio”, resume durante una charla sostenida junto a otros migrantes.

Durante la conversación, Daniela y el resto del grupo, de alrededor de cuatro personas, coinciden en una idea central: aunque se hable del derrocamiento de una figura, el régimen —aseguraron— sigue en operación. “Quitaron una pieza, pero el sistema continúa”, dice uno de los participantes, un hombre de alrededor de 35 años que trabajó como profesional en Venezuela y que hoy se desempeña en empleos informales para poder enviar dinero a su familia.

El grupo reconoció que la noticia despertó emociones que creían adormecidas tras años de crisis. “Es una gran alegría, porque uno siente que por fin pasa algo”, explicó Daniela. Sin embargo, también mencionaron la desconfianza que se construyó en más de dos décadas. “Ya hemos vivido muchos anuncios que no cambian nada en la vida real”, agregó.

Dicha falta de libertades y esperanza fue una de las razones principales que los obligó a salir del país. “No estamos fuera porque queremos, sino porque el régimen nos expulsó”, subrayó.

Volver, pero no a cualquier precio

Josimar López, que está a finales de sus veintes y principios de sus treintas, dice que, como millones de venezolanos, salió de su país de manera forzada, empujado por una crisis que —dice— no sólo vació los bolsillos, sino también los derechos y las certezas. Hoy observa con cautela los acontecimientos recientes en Venezuela y evita hablar de “finales” o “liberaciones” antes de tiempo.

“Todavía es muy pronto para pensar en regresar. Hay que esperar a ver qué pasa, porque esto sigue siendo impredecible”, señala al referirse a la captura de Nicolás Maduro. Desde su perspectiva, que caiga una figura no significa que el sistema haya desaparecido. “Agarraron la cabeza, pero el régimen sigue ahí”, resume.

En la conversación, comparó la situación venezolana con la de otros países de la región. Aseguró que muchos extranjeros —incluidos mexicanos— desconocen lo que realmente significó vivir bajo un régimen autoritario.

Uno de los ejemplos más claros, dijo, es el funcionamiento de las embajadas. “No teníamos respaldo ni siquiera en nuestra propia embajada. No había derechos, ni atención, ni apoyo real”, relató.

Recordó cómo, en los inicios del régimen, muchos confiaron en que las instituciones y la Constitución impedirían abusos. “Decían ‘no pasa nada’, que la Constitución nos protegía. Pero cuando alguien concentra todo el poder y controla petróleo, oro y minas, nada lo detiene”, sostuvo.

“Todos queremos regresar a nuestra tierra, claro que sí… Pero primero tiene que cambiar de verdad. No solo en el nombre del que manda, sino en la forma en que se vive”, concluyó.

Cambiar un poder por otro

Carlos Méndez está a finales de sus treintas y principios de sus cuarenta. Es originario del estado Zulia, una de las regiones petroleras más importantes del país. Desde hace poco más de un año vive fuera de Venezuela y, aunque sigue con atención los acontecimientos políticos recientes, su mirada está marcada más por la experiencia personal.

“Para mí todavía no está claro qué va a pasar. No sabemos quién va a quedar ni por qué, si se llevaron a uno, no se llevaron a todos”, dijo. En su opinión, el problema no es solo quién salió, sino qué proyecto queda y si realmente representa un cambio para la población.

“Hay gente que dice que hay que dolarizar, otros que todo se resuelve con el petróleo. Pero si soltamos lo que tenemos, dejamos de ser Venezuela”, afirmó.

Recuerda que antes del chavismo, pese a vivir en una región petrolera, muchos venezolanos hacían largas filas esperando oportunidades laborales ofrecidas por empresas extranjeras.

No descartó regresar a Venezuela, aunque de momento ha optado por construir su vida donde se encuentra. “Aquí trabajo, ahorro, tengo mentalidad de emprender. No todo es fácil, pero se puede vivir sin necesidad de ir a Estados Unidos”, afirmó.

Arturo Rojas

Reportero y licienciado en Ciencias de la Comunicación

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