La reforma hacendaria integral es la madre de todas las reformas, que a su vez permitirá una reforma energética y una reforma de bienestar social.

Ello se concluye en el recopilado de la Fundación Colosio denominado: El futuro que vemos. Memoria de los Encuentros por el Futuro de México, foros que se desarrollaron a la par de las campañas electorales y en los que participó el candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto.

En el texto del organismo priísta se puntualiza que el pacto fiscal entre gobierno federal, estados y municipios es ya obsoleto.

El desafío es lograr una reforma hacendaria integral, que debe incluir ingreso, gasto, crédito y patrimonio en los tres niveles de gobierno. El objetivo es a la vez gastar bien y generar más recursos tributarios para la inversión, la nueva política social y para disminuir la dependencia en ingresos petroleros .

Se considera que la reforma hacendaria no puede tener sólo una finalidad recaudatoria.

Asimismo, se reconoce que el nuevo gobierno deberá lograr una negociación con los principales actores políticos y con el Congreso de la Unión.

Ésta permitirá ingresos tributarios adicionales del orden de 10% del PIB, duplicando la actual recaudación y permitiendo sustituir parte de 6% del PIB que actualmente se le extrae a Pemex .

Para los estados y municipios se plantea definir mejor sus responsabilidades de gasto en materias de seguridad, educación e inversión, con un compromiso de gastar con mayor eficacia.

Se negociará con ellos la necesidad de asumir mayor corresponsabilidad en la generación de ingresos; desde luego, el predial y el cobro de servicios, particularmente el agua.

Después de eso, se convendrá darles una mayor participación en los ingresos federales y las transferencias federales, pero condicionados al logro de una mayor rendición de cuentas ante la sociedad, un uso de sus recursos con transparencia y fiscalizables por la Auditoría Superior , se detalla.

En el planteamiento de reforma al gasto público se incluye: adelgazar la estructura misma del Estado, con la eliminación de secretarías, subsecretarías y coordinaciones, así como con la reducción de programas clientelares que se duplican, en que no se miden resultados y cuando se miden, no los producen .

mauricio.rubi@eleconomista.mx