El futuro de la Iglesia católica no es promisorio. Para Elio Masferrer Kan, presidente de la Asociación Latinoamericana para el Estudio de las Religiones, la Iglesia está en proceso del colapso, pues no serán capaces de remplazar la fuerza de trabajo .

Cada vez menos jóvenes se acercan a la vida religiosa. Monseñor Norberto Strotmann, menciona en su libro La Iglesia después de la Aparecida, que en América Latina existe un déficit sacerdotal dentro de esta institución; 43% de los fieles a esta religión dispone de 16% del total de sacerdotes en el mundo y establece que el incremento vocacional no cubre las necesidades de los católicos.

Y es que los muchachos de hoy no están dispuestos a seguir una doble vida, explica Masferrer Kan. La falta de respuesta por parte de la Iglesia a los cambios culturales de la sociedad mexicana, la red de corrupción y la ola de escándalos sexuales que se han gestado son elementos que coadyuvan al alejamiento de la fe y las creencias en este rito.

La tendencia es a la baja

Norberto Strotman detalla en su análisis que durante 1974 al 2004, existió un decremento de menos 0.8 % de incremento sacerdotal a nivel mundial ante un crecimiento poblacional de 65% y un crecimiento católico de 55 por ciento.

Strotmann refiere en su análisis que América Latina es un continente poblacionalmente pequeño, tiene 8.7% de la población mundial; sin embargo, tiene gran importancia para la Iglesia, pues 42% de los católicos radica en esta región y si se le suma América del Norte (7.3%) representa la mitad de los fieles en el mundo.

A pesar de que representa un bastón para el catolicismo, el incremento sacerdotal en América Latina (44%), queda muy distante del crecimiento de la iglesia católica (67%) y más del incremento poblacional (77%) y señala este dato como preocupante para la institución eclesiástica.

Masferrer Kan explica que, durante los 27 años del pontificado de Juan Pablo II (1978-2005), disminuyó la cantidad de sacerdotes en las filas de la Iglesia o el incremento en otras agrupaciones fue mínimo.

El único aumento real de religiosos de 1980 al 2008 se presentó con los diáconos permanentes del clero diocesano, aquellos que luego del Concilio Vaticano II, se les otorgó el permiso de ser casados. A éstos, no se les dio la facultad de consagrar una hostia, pero sí de dirigir e instruir en la vida espiritual de los feligreses.

A decir de Masferrer, esto es signo de que la Iglesia católica requiere adecuarse a los cambios culturales y necesidades morales, de lo contrario colapsará.

Uno de los factores que influye en la creciente falta de vocación es que no hay cercanía entre feligreses y los curas, explica Jaime Mondragón Melo, investigador de Historia de las Religiones de la ENAH. Los seguidores no sienten directamente una relación con el ser divino .

Por su parte, el padre Ricardo Flores González, vicario judicial de la Diócesis de Tula, Hidalgo, reconoció que existe una baja en el deseo de los jóvenes para convertirse en sacerdotes. Destacó que durante la visita del Papa Juan Pablo II al país, una ola de solicitantes se presentó en los siguientes dos años posteriores, pero ese auge disminuyó al paso del tiempo.

El padre Ricardo Flores, quien fuera Rector del Seminario Mayor de Tula de 1995 al 2000, sostuvo que las actuales estructuras, familias en las que sólo se engendra un hijo, influyen para que haya menos aspirantes a sacerdotes, porque si el vástago manifiesta interés es bloqueado por sus progenitores, ante el temor de no poder tener nietos para continuar con el apellido paterno.

La Deserción, otro problema

La cifra es dolorosa para la Iglesia: de 20 alumnos que ingresan al seminario cada año, sólo dos se ordenan, explica el padre Ricardo Flores.

Uno de los problemas de la deserción es el bajo nivel educativo de los jóvenes seminaristas, en segundo lugar la rebeldía, el poco entusiasmo y la mala conducta que son motivo para que abandonen la vocación o sean expulsados, pues no poseen una recta intención. Sostuvo que la Iglesia actualmente usa la tecnología para relanzar la formación sus sacerdotes.

Sin embargo, Masferrer considera que el joven actual no encuentra en la figura del padre un icono de admiración.

[email protected]