El 2019 ha sido un año en el que varios dirigentes sindicales han puesto las barbas a remojar. Por décadas, muchas elecciones se realizaron a mano alzada, bajo la mirada de los líderes esperando el apoyo. Pero la reforma laboral les cerró el paso a esa vía de control, así como a la de los contratos de protección, los que firmaban con las empresas a espaldas de los trabajadores a cambio de un beneficio económico; también terminó con las dirigencias vitalicias.

Pero a Carlos Romero Deschamps, hasta ayer secretario general del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), además le han tapiado el camino a la eternidad en la dirigencia de otra forma. Desde julio de este año, el gobierno federal logró “un pacto de austeridad”, con el que le quitó 1,600 millones de pesos.

Esa cifra, dada a conocer por el presidente Andrés Manuel López Obrador, era destinada a pagar viáticos y comisiones de la dirigencia. El descuento se logró en la negociación anual del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT), entre el sindicato y Petróleos Mexicanos (Pemex) en julio.

Para Manuel Fuente Muñiz, el sindicato de Pemex “ha sido de los más escandalosos”. El abogado, integrante del Observatorio Ciudadano de la Reforma Laboral, comentó en entrevista que, como Romero Deschamps, otros líderes sindicales se han amparado en la autonomía sindical para enriquecerse y acumular poder.

 

 

Golpeadores que amenazaban a trabajadores disidentes, despidos a petición del secretario general y uso de las cuotas sindicales para fines personales. Esto es parte de la realidad que todavía se vive en muchas organizaciones, apuntó.

También ocurre en Pemex. Sin embargo, su sindicato “es sui géneris, porque tiene diferentes negocios con la empresa”. Su peculiaridad viene quizá desde la cabeza. Romero Deschamps pasó de ser chofer de pipa a secretario general del sindicato. Ahí se había mantenido por casi 30 años, en los que fue dos veces senador y otras, diputado.

Al renunciar a la dirigencia, el priista ya no pasará la prueba de la elección democrática. Con las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo, aprobadas en mayo pasado, cada uno de los afiliados emitirá su voto. Ya no será por medio de delegados y lo podrán hacer de manera secreta.

Otro momento decisivo para los dirigentes será cuando los sindicalizados avalen el Contrato Colectivo de Trabajo. De ahora en adelante, los colaboradores deben aprobar los acuerdos, y como lo ha referido Tereso Medina, líder de la Central de Trabajadores de México (CTM) en Coahuila, “esa será la prueba de ácido”.

Muchos líderes sindicales se han enriquecido a costillas de los afiliados, recalcó Manuel Fuentes. Pero el abogado laborista no los coloca en el lugar de los más beneficiados. Esos serían los empresarios. “Han usado a los sindicatos para evadir obligaciones fiscales. Con empresas outsourcing pagan una parte de la nómina y la otra a través de los sindicatos”.

El caso de Romero Deschamps “es la punta del iceberg. Una referencia de lo que ocurre en el ámbito sindical, pero falta ver cómo operan los empresarios. Los dirigentes son un instrumento de ellos”.