Pese a las reformas en materia educativa que se han aprobado desde el sexenio de Carlos Salinas, en el sistema educativo mexicano persiste la deuda de garantizar una educación incluyente y de calidad, coincidieron especialistas.

“La reforma que se aprobó en mayo pasado sí tiene avances de cómo entendemos el derecho a la educación, lo cual es muy importante en el papel, pero tenemos que transformarlo en realidad y esto es con una educación incluyente”, declaró a El Economista la directora general de Mexicanos Primero, Jennifer O’Donoghue.

Entre los cambios de la reforma de este año, el presidente Andrés Manuel López Obrador destacó la garantía de la educación inicial y superior, así como un aprendizaje sustentado en el civismo y los valores.

La especialista en educación, si bien reconoció los avances, indicó que “no hemos logrado este cambio y se tiene que ir avanzando para aterrizar estas modificaciones. Aún estamos alejados de ver los cambios constitucionales en la vida de las personas”.

En ese sentido, el investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, Gregorio Zamora, comparó el sistema nacional educativo con la situación económica del país, en la que prevalece la brecha de desigualdad.

“Así como hay una gran concentración de la riqueza que hace que la mayoría de la población esté en situación muy precaria, mientras que una minoría tenga una situación exuberante, en el terreno de la educación y el aprendizaje es muy parecido”.

Explicó que esto se puede comprobar a través de las pruebas de evaluación nacionales e internacionales, las cuales evidencian que las y los estudiantes del sistema de educación pública —desde educación básica hasta superior— no adquieren los conocimientos que requieren para los grados que cursan.

Asimismo, el miembro del Sistema Nacional de Investigadores destacó la necesidad de fortalecer los conocimientos educativos, capacidades pedagógicas y condiciones laborales de docentes.

Por su parte, el analista en política educativa Eduardo Andere aseguró que, desde la reforma impulsada en la materia en el gobierno de Carlos Salinas, hasta la aprobada en la administración de Andrés Manuel López Obrador, no se toca la parte sustancial para mejorar la educación, sino que son reformas que se enfocan en las instituciones.

“Desde la década de los 90 hasta la reforma de este año, ninguna ha logrado, ni logrará los cambios fuertes significativos e importantes en la mejora del desempeño educativo, ya que no entran a fondo de la función pedagógica del aprendizaje; son reformas muy centralizadoras que se enfocan en qué administran las instituciones”.

Explicó que para mejorar la calidad de la educación es necesario atacar barreras estructurales como pobreza, inseguridad, segregación y corrupción; asimismo, se debe atender la atracción y formación de maestras y maestros y mejorar los modelos de aprendizaje adecuados a las formas que aprenden las niñas, niños, jóvenes y adultos.

Finalmente, la académica de la Universidad Iberoamericana Arcelia Martínez dijo que si bien México está por encima de algunos países de Latinoamérica en calidad educativa, está por debajo de naciones más consolidadas como Finlandia y Singapur, en donde tomó más de 40 años resolver los problemas de aprendizaje.

“Entre los problemas más importantes del aprendizaje son las metas del sistema educativo, una de las más importantes es que las y los niños vayan a la escuela, pero es un fracaso, porque no solamente necesitamos que estén dentro de las aulas sino que permanezcan y logren trayectorias educativas exitosas y no se pierdan del sistema y logren concluir con aprendizajes relevantes”.

Evaluaciones diagnósticas

Sobre las evaluaciones, la directora de Mexicanos Primero, Jennifer O’Donoghue, aseguró que entre las debilidades de la reforma impulsada por el expresidente Enrique Peña Nieto fue que no pudo vincular una evaluación diagnóstica con la formación del magisterio.

“Una de las fortalezas de las modificaciones aprobadas este año es precisamente que la evaluación se concibe como formativa y como parte de un proceso de aprendizaje profesional docente, pero no hay una estrategia concreta sobre cómo van a lograr esta vinculación”, indicó.

Aseguró que si las y los maestros sólo tienen una formación sin evaluar sus necesidades, no podrán mejorar su práctica formativa, por lo que es necesario el complemento de ambos elementos.

Por su parte, Andere expuso que las evaluaciones a las y los alumnos no son un elemento definitorio para que los pedagogos puedan evaluar el desempeño y calidad de la educación.

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