El negocio del contrabando de migrantes en la frontera entre México y Estados Unidos se ha modificado en las últimas décadas; mientras que en el pasado los traficantes de personas trabajaban por separado de las organizaciones de narcotráfico, esta línea se diluye, concluyen investigadores especializados en temas fronterizos.

En una investigación publicada por la fundación estadounidense Antidope, los expertos Howard Campbell y Jeremy Slack estiman que este fenómeno se explica, en parte, por una jerarquía criminal que prioriza la actividad clandestina más poderosa y rentable; en este caso, el narcotráfico .

Un reciente estudio, publicado por el Departamento de Sociología de la Universidad de George Washington, registra que de los migrantes que atraviesan México 45% viaja con un coyote contratado en la frontera, mientras que 30% lo hace con un traficante de personas contactado ya en territorio nacional.

Para Campbell y Slack, profesores de la Universidad de Texas, ello sugiere que la supremacía de las redes locales para localizar y escoger un traficante de personas, se ha visto seriamente comprometida. La mayoría ya no viaja con un coyote desde sus ciudades de origen, sino para cruzar dependen en gran medida de los que viven directamente en el borde .

La investigación, basada en estudios de casos, entrevistas a traficantes de personas y otras pesquisas, hace referencia de una clasificación de coyotes que incluye a los que engañan y extorsionan (falsos coyotajes) y aquellos que no intentan dar pasaje a migrantes, sino que su verdadero objetivo es pasar droga.

Los autores abundan en que mientras los facilitadores migrantes han existido desde hace décadas; a partir de la década de 1990, con una mayor organización de los coyotes, el flujo migratorio a través del país se volvió más peligroso y caro.

Mucha de la narrativa sobre los cambios en el contrabando humano se centra en torno a la estrategia de aplicación pionera en El Paso, Texas, donde la Patrulla Fronteriza concentró sus esfuerzos en centros urbanos, empujando a la gente a terrenos más desafiantes y desérticos , se lee en el documento.

Los autores alegan que si bien los narcotraficantes han ejercido una mayor autoridad sobre los coyotes en los últimos años, las circunstancias son heterogéneas a lo largo del país.

Al revisar el caso particular de Tamaulipas, refieren que los contrabandistas trabajan a gusto de los cárteles locales dominantes como los Zetas y el Cártel del Golfo. Ello implica que los traficantes de personas pagan cuotas por protección y responden a sus reglas; por ello, los migrantes en ocasiones deben vigilar sus cargas de drogas. En otros estados, como Sonora, el grupo criminal predominante ejerce mucho menos control.

Campbell y Slack concluyen que el debate sobre cómo el coyotaje se relaciona con los cárteles de la droga es meramente un punto de partida para una pregunta mayor sobre la naturaleza de las industrias ilícitas.

La formación particular del Estado mexicano ha permitido a individuos poderosos controlar vastos sectores del Estado y sus recursos. El populismo clientelista del Estado mexicano creó las condiciones para que la violencia estallara tan pronto como se rompiera el sistema de un partido , observan los investigadores.

Las cifras del ilícito

En pesquisa aparte, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) advierte que el tráfico ilícito de migrantes es verdaderamente una preocupación global, ya que afecta a un gran número de países del mundo que son puntos de origen, tránsito o destino.

De acuerdo con información de este mecanismo de la ONU, los delincuentes lucran con el tráfico ilícito de migrantes a través de fronteras y entre continentes. Es tarea compleja evaluar la dimensión real de este delito, debido a su naturaleza clandestina y a la dificultad para determinar cuándo la migración irregular es facilitada por contrabandistas; sin embargo, el gran número de migrantes dispuesto a correr riesgos en busca de una vida mejor, cuando no pueden emigrar por vías legales, brinda una provechosa oportunidad a los delincuentes para explotar su vulnerabilidad , advierte a través de una campaña.

De acuerdo con datos de esta oficina de la ONU, se estima que el tráfico de migrantes genera anualmente alrededor de 6,750 millones de dólares para los delincuentes que operan en dos de las principales rutas del tráfico ilícito: de África hacia Europa y de América del Sur hacia América del Norte.

A su vez, estima que anualmente hay alrededor de 3 millones de entradas ilegales en Estados Unidos: la mayoría de los migrantes ingresa clandestinamente en camiones que pasan la frontera, si bien se han observado casos en que los viajes se han hecho a pie, por ferrocarril o incluso por túneles especiales.

Reporta que los migrantes objeto de tráfico ilícito pagan entre 2,000 y 10,000 dólares, según el lugar de origen.

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