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Michelle Obama, la sensación
19 minutos duró el discurso de la primera dama de Estados Unidos en la Universidad Iberoamericana. Algunos de los asistentes llegaron a las diez de la mañana y Obama subió al podio pasadas las dos de la tarde.

El silencio fue absoluto. Ni el zumbido del helicóptero ni el de las cámaras ni una voz. Sólo la de Michelle Obama se escuchó, precisa, durante los 19 minutos del discurso que dirigió en la Universidad Iberoamericana (UIA), en la primera gira de trabajo en solitario de la primera dama de Estados Unidos. Espero que cada uno de ustedes, y los jóvenes alrededor del mundo, tomen la labor de ayudar a otros y hacer más fuertes a las naciones. Porque si vamos a enfrentar los riesgos de nuestro tiempo, si vamos a hacer de éste un mundo más seguro, sano, próspero y libre, vamos a necesitar la pasión, el atrevimiento y la creatividad de cada uno de ustedes , expresó Obama casi para terminar su monólogo centrado en la educación y las oportunidades de desarrollo para los jóvenes.
El ambiente era peculiar. La explanada de la universidad se situaba entre la realidad y la ficción: por un lado una serie de lámparas de iluminación para cine dirigidas al podio donde la primera dama dio su discurso y, por otro, el implacable sol del mediodía. La sensación de película era latente, entre los agentes del Servicio Secreto que recordaban las películas de Bruce Willis, y los asesores de Obama que duraron poco más de una hora en acomodar los espejos antirreflejantes para que los rayos solares no tocaran su rostro. Por supuesto: también para que las cámaras tuvieran una mejor definición.
Michelle Obama me cae muy bien, y quería saber qué se siente verla en persona. Me parece muy inteligente, activa y consciente de la parte humana de la gente. Creo que genuinamente quiere hacer un bien , expresó Mayalen Verástegui, traductora de 25 años, una de las tantas jóvenes en su mayoría estudiantes de preparatoria y los primeros semestres de la UIA que asistieron al evento, que por momentos parecía el escenario previo a una graduación donde no faltaron las corbatas, los lentes de moda y las bolsas de diseñador. ¿Somos chingones si nos invitan a esta cosa, no? , preguntó un joven, suéter amarrado al cuello, antes de posar con sus amigos para la foto, como se acostumbra en los eventos sociales.
Algunos de los asistentes llegaron a las diez de la mañana y Obama subió al podio pasadas las dos de la tarde. Las horas de espera se sortearon entre pláticas bajo el sol y el acompañamiento sonoro de bandas como XX, The Dead Weather y Muse. La expectativa creció cuando Margarita Zavala se dedicó a charlar y repartir besos a los primeros de la fila y Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos, rondó el escenario. Luego de los discursos del rector de la UIA, y de un joven estudiante de derecho, Michelle finalmente apareció a escena con vestido rosa brillante y una gran sonrisa.
Cuando llegó el tiempo de decidir a dónde hacer mi primer viaje internacional en solitario como primera dama, la opción era clara: ¡México, por supuesto! , expresó Obama luego de la serie de agradecimientos, entre éstos a Margarita Zavala, a quien se dirigió como mi amiga y a quien recibirá, junto al presidente Felipe Calderón, en una cena de Estado el próximo mes en Washington.
Y así, en total silencio de la audiencia, discurrieron los 19 minutos en los que la primera dama habló sobre la importancia de que las nuevas generaciones afronten los retos de nuestro tiempo , y la necesidad de apoyar a quienes han tenido pocas oportunidades.
Pronto, el mundo verá en su generación la promesa de una energía para mejorar nuestras economías, preservar nuestro planeta y encontrar el coraje y la paciencia para resolver los conflictos y curar la plaga que divide a nuestro mundo . Al final, muchos aplausos y besos de la primera dama, dobles, a los afortunados de las primeras filas.