Chalco, Edomex. El sonido de una sirena ahuyenta, atemoriza, repliega. La justicia de Dios llegará , los reconforta la Iglesia.

A una semana del linchamiento de tres jóvenes en San Mateo Huitzilzingo, los pobladores piden no ser vistos como asesinos y demandan claridad en las investigaciones. Sin chivos expiatorios , clama la hermana de José Manuel Mendoza, de 26 años, uno de los asesinados la noche del 10 de febrero.

Es mediodía, hay zozobra en la plaza principal donde ocurrieron los linchamientos. La escena del crimen está casi intacta: zapatos y ropa de los tres jóvenes quemados. También están los artefactos utilizados por los linchadores.

La delegación municipal aún tiene las huellas del fuego donde fueron quemados Raúl y Luis, de 16 años, y José Manuel Mendoza, por una turba que los acusó de ser secuestradores. Ahora se sabe que no lo eran. Sobre la calle Independencia, la principal, todavía hay huellas de las llamas en la camioneta de José Manuel.

Si alguien extraño a Huitzilzingo aparece, se hace evidente porque la gente no deja de observarlos; cuando se busca hablar con ellos, dan la espalda o corren a sus domicilios.

Quienes se atreven a charlar cuentan que un día antes hubo un operativo de la policía en un domicilio y desde ahí se corrió el rumor de que la autoridad arrestaría a más habitantes de los 23 detenidos que ya hay por los asesinatos.

La tarde del viernes 17 de febrero corrió como pólvora la versión de que los vecinos de San Juan Tezompa, de donde eran originarios los tres asesinados, vendrían por venganza. Son las 5 y la alerta informó que eso ocurriría a las 4.

OREN POR LA PAZ

Paradójicamente en la Iglesia de San Mateo Apóstol, que está frente a la delegación, se escuchan aplausos, cantos y se ven bailes. Como cada viernes, los habitantes de Huitzilzingo acuden a orar. Esta vez lo hacen porque la paz y la justicia lleguen. Son católicos, pero hacen alabanzas como si fuera fiesta.

En este momento debemos ponernos en manos de Dios y que él haga su justicia. Nosotros no podemos juzgar a nadie , dice Pablo, quien conduce la ceremonia. Al salir, un grupo de mujeres se congregan para pedir a las autoridades mayor vigilancia, porque dicen que antes del 10 de febrero habían asesinado a tres jóvenes y secuestrado a varios más.

NO NOS REUNIMOS PARA MATAR

En Independencia los negocios cierran antes de las 7 de la noche. En una tienda, Alicia y su hija cuentan que el 10 de febrero sólo escucharon gritos y barullo. Dicen que no habrían salido, sino es porque Bartolo -el sacristán- tocó las campanas de la Iglesia cerca de las 8 de la noche llamando a asamblea. No nos reunimos para hacer daño a las personas, menos para matar , acota Alicia, quien explica que los habitantes de Huitzi tienen identificadas dos claves para acudir al llamado: el repique de las dos campanas, tres veces cada hora, es para misa; cuando sólo se tocan una vez y una sola campana es porque llaman a asamblea sobre problemas de agua. Más de uno narró que aquel trágico día del linchamiento no hubo agua y varios acudieron, porque suponían que era para buscar solución.

Múltiples versiones

El panorama de zozobra y miedo del pueblo contrasta con el Centro de Readaptación Social de Huitzilzingo, donde familiares de los 20 detenidos están molestos, porque dicen que la detención fue arbitraria y sin pruebas de que participaron con la turba que linchó a los jóvenes.

El procurador del Estado de México, Alfredo Castillo, afirmó que: Es obvio que, en una especie de defensa, la gente de la comunidad diga que los detenidos estaban comiendo o viendo la tele .

Pero aquí, en los juzgados de Control, los familiares menciona que no les han permitido hablar con ellos ni conocer su situación jurídica. La hija de Guillermo López Ortiz afirma que su padre es chofer y aquella noche la acompañó al doctor, pero al llegar a su casa fue detenido sin explicación alguna.

Para llegar a San Juan Tezompa hay que atravesar por San Juan Ixtayopan, Tláhuac, donde hace casi seis años dos policías federales murieron a manos de una turba que los confundió con secuestradores. Después 30 minutos en auto sobre un camino de tierra y lodo está a la vista la comunidad de donde eran originarios los tres hombres muertos.

Alguien se atreve a señalar la casa de José Manuel Mendoza. Sobre la calle Duraznos del Barrio Guadalupe, mujeres preparan alimentos en el cuarto día del novenario del joven de 26 años. Al preguntar por algún familiar de la casa de tabique con piso de tierra sale una joven.

Soy su hermana , dice, pero no da su nombre por seguridad . Su primer comentario es: Justicia, que todas esas personas que ya están adentro no las dejen salir, que caiga todo el peso de la ley contra ellos. Mi hermano era inocente y se fueron con lo que los demás dijeron. A todos que les caiga el peso de la ley, porque no estoy de acuerdo con quitarle la vida a un ser humano .

La joven expone que su hermano era albañil y los jóvenes de 16 años eran amigos suyos y trabajaban con él.

Asegura estar informada de que las personas detenidas argumentan no haber participado en los hechos, por lo que demanda a las autoridades de Chalco y el Estado de México una investigación profunda para conocer a los culpables. Agacha la mirada, toma aire, guarda un silencio por un rato y concluye: No estoy de acuerdo con que se fabriquen culpables; ya no puedo hablar más .

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