No sé si mucho o poco ha cambiado desde la pasada elección presidencial del 2012. Muchos personajes son idénticos, otros han aparecido de la nada, como algunos candidatos independientes o al menos han crecido vertiginosamente en seis años, como Ricardo Anaya. Lo que sí sé es que, además del crecimiento del hartazgo y de la desconfianza en la clase política tradicional, las formas de hacer política han cambiado radicalmente. Los medios electrónicos han sido superados por las redes sociales que permiten hacer otra clase de campañas dirigidas, principalmente, a los sectores más jóvenes de la pirámide poblacional, los millennials. No se ha erradicado la campaña a ras de suelo, ni tendría por qué, pero incluso ese espacio se magnifica a través del contacto virtual que suponen las redes sociales.

Hoy vemos que los partidos tradicionales, la única tecnología que teníamos para elegir ordenadamente a los gobernantes, ya no son la única forma de acceder al poder. Han perdido capacidad de organización, movilización y convocatoria —legitimidad, pues— y sus propuestas ideológicas han sido, en muchos casos, superadas por el contexto.

Los partidos por sí mismos ya no resultan atractivos para el ciudadano porque una sola ideología “químicamente pura” es insuficiente para cubrir las inquietudes de los ciudadanos que buscan más respuestas que lo que plataformas e ideologías puedan dar. Por ejemplo, el PRI es sumamente incluyente en sus principios y plataforma, pero difícilmente atraería a grupos ecologistas, de ahí su alianza con el PVEM. Lo mismo puede decirse de todos los partidos tradicionales; la atomización de las agendas políticas partidistas no es tan grande en México —ni siquiera tenemos partidos radicales, los existentes gravitan en el centro del espectro ideológico— pero ninguno, en solitario, puede ganar la elección presidencial por una mayoría que no genere cuestionamientos de legitimidad.

Pero ni la ideología ni la afiliación son lo que cuentan ahora, sino la capacidad de captar el interés, al menos momentáneo de los ciudadanos que votan, porque cada voto, si no se traduce en cargos políticos de elección, sí se traduce en recursos que se convierten en un muy apetecible negocio para quienes logran obtener una franquicia partidaria. El voto ciudadano que cada seis años se emite en las urnas es el insumo que otorga a los partidos la posibilidad de subsistir en términos de la legislación electoral. Pero los partidos son figuras desgastadas, que ya no concitan interés, ni responden a la realidad de una cultura que cada día se halla más enraizada en nuevos valores y tecnologías. Tampoco pueden hoy dar cauce a las demandas de movimientos finiseculares como el zapatismo, cuya agenda de reivindicaciones rompe con los cánones de la modernidad occidental. Lo más singular es que los partidos no son portadores de los intereses de un creciente número de ciudadanos que se decanta por participar políticamente de un modo alternativo, identificándose y eligiendo candidatos independientes.

Dos formas de lucha electoral atraen reflectores

Premodernidad y posmodernidad, quizá posverdad, se encuentran presentes en este escenario electoral 2018. Dos formas alternativas de lucha política electoral llaman la atención: la presencia de una candidata presidencial indígena y la emergencia de candidaturas independientes a nivel local a partir de una plataforma virtual de ciudadanos, Wikipolítica. Ambas tienen un rasgo en común: dan cuenta de la presencia de polos de ciudadanía diversa ubicados en zonas consideradas conservadoras, como Chiapas y Jalisco.

La precandidatura de Marichuy Patricio significa la reivindicación de las demandas de los pueblos originarios, que en términos culturales difieren enormemente de los que el resto de la población solicita del gobierno. No es la seguridad, ni la salud, ni la educación lo que solicitan de manera diferente, sino el respeto a sus tradiciones y costumbres que choca con la mentalidad moderna. De ahí que resulta extraordinario que se utilice la vía política institucional, una candidatura independiente, para lograr una representatividad política que no encuadra en los partidos políticos actuales. Es un hito que un sector del zapatismo haya decidido utilizar las instituciones para presentar una candidatura presidencial de una mujer indígena sin experiencia alguna en la política nacional y, mucho menos, en la administración pública. Aunque no sabemos si su nombre estará en las boletas electorales de julio, la candidatura de Marichuy Patricio es una reivindicación para las minorías, las mujeres y los desposeídos en general.

En las antípodas se encuentra Wikipolítica, una iniciativa de jóvenes ciudadanos que se sustenta en la utilización de las nuevas tecnologías y las redes sociales para hacer un tipo de política ajena a la forma tradicional del ejercicio partidista o de la movilización y organización de corporaciones y grupos de presión. Su convocatoria es virtual y se ajusta, por ello mismo, a las condiciones de vida urbana posindustrial presente en las zonas de mayor desarrollo del país así como al creciente individualismo de la ciudadanía.

En el caso de la participación política del zapatismo, los referentes tradicionales se encuentran en la presencia física de Marichuy para conseguir firmas que apoyen su candidatura presidencial y logre el registro bajo las condiciones de la legislación electoral. En el caso de Wikipolítica su ámbito de acción es de tipo local, pero poco a poco se ha ido abriendo paso en diversos estados del país, 10 hasta el momento. Pedro Kumamoto, su figura más visible, hoy recaba firmas para competir por una senaduría independiente.

En el 2015, una red de universitarios, primero en la Ciudad de México y luego en Guadalajara, que se denominaron a sí mismos Wikipolítica, lograron dar sustento a la campaña de Kumamoto, un joven de 25 años que logró ser diputado local por el distrito X de Zapopan, venciendo a los partidos tradicionales, especialmente al partido que desde entonces ha desplazado al PRI y al PAN en Jalisco: Movimiento Ciudadano.

En estos tres años, Wikipolítica se ha convertido en un movimiento de jóvenes apartidistas, ciudadanos sin más, que a través de las redes identifican problemas comunes y crean espacios de confluencia para buscar soluciones, dando voz y poder de decisión a las personas, sin ser instrumentalizadas por partidos ni grupos de presión. Sus principios son el ejercicio de la democracia real (muy cercana a las polis griegas pero con el elemento medieval del voto igual y directo), el respeto a los derechos humanos, la construcción colectiva y el localismo en el desarrollo de proyectos. Wikipolítica ha detectado que el sistema político está en una crisis profunda y que debe modificarse de raíz, porque, en el estado actual, produce marginación, desigualdad política y económica y atenta contra las libertades y los derechos de las personas. A diferencia de movimientos alternativos previos, como el zapatismo, Wikipolítica no tiene una identidad hundida en referentes históricos, sólo busca la articulación de redes ciudadanas autorganizadas para participar políticamente en el espacio local e impactar en lo más inmediato, como la experiencia ciudadana fundamental, recuperando lo básico: las personas y la comunidad. Están conscientes en Wikipolítica de la necesidad de participar políticamente en las instituciones del Estado, por eso buscan generar candidaturas independientes para los legislativos locales y el federal y, mediante ello, garantizar la participación ciudadana directa, de un modo eficiente y autorregulable en la utilización de recursos.

Efectos visibles del #YoSoy132 ....