Sin control, la violencia en México tiene el potencial de revertir los avances electorales logrados, así como a la democracia misma, coincidieron Kofi Annan, ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y la expresidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla.

Al ofrecer la conferencia magistral “Paz y democracia” en el Auditorio del Instituto Nacional Electoral (INE), Kofi Annan destacó que el problema de inseguridad que se vive en nuestro país rebasa la competencia de la autoridad electoral y la responsabilidad de su atención involucra a otras esferas nacionales y locales.

En México, abundó el hoy presidente de la Fundación Kofi Annan, se tiene que contender por un cargo de elección popular, con altos niveles de violencia y con el crimen organizado, lo cual afecta las vidas de todos los ciudadanos.

“Sin control, la violencia criminal plantea una seria amenaza a las instituciones democráticas y, sin duda, a la democracia misma”, advirtió el exfuncionario internacional.

Destacó que en México docenas de políticos, candidatos, así como familiares de los actores políticos han sido agredidos y algunos de ellos asesinados desde el inicio de esta campaña comicial.

“Las elecciones ordenadas son la mejor respuesta a la violencia que busca privar a los ciudadanos de sus derechos a elegir a sus líderes —nacionales y locales—, libres de intimidación”, destacó el presidente de la Fundación, cuyo propósito es promover un mundo más pacífico.

“Yo sigo siendo un creyente comprometido, un creyente comprometido con el valor de la democracia, como un catalizador para una mejor gobernanza, mayor seguridad y desarrollo humano”, destacó Annan.

De acuerdo con el Latinobarómetro del 2016, el apoyo a la democracia en América Latina ha disminuido por quinto año consecutivo, particularmente en México. El especialista internacional alertó que existe una percepción en relación conque este sistema político no está dando resultados, lo que se refleja en niveles más bajos de participación electoral, decreciente membresía de los partidos políticos y la disminución en la confianza a los gobiernos y las instituciones. Lo anterior, abundó, “crea un terreno fértil para el ascenso de líderes autoritarios”.

En análisis de Annan, este desencanto se debe a que —en primer lugar— los sistemas políticos no se han adaptado al desarrollo económico, lo que crea altos niveles de desigualdad y una creciente sensación de privación de derechos.

Dijo que la globalización ha traído consigo cambios positivos, sin embargo, sus beneficios no han sido compartidos equitativamente; “tal y como la riqueza se concentra, también el poder político y las influencias”, puntualizó.

En palabras del ex secretario general de la ONU, para que la democracia sea efectiva, ésta debe ser incluyente. En contraste, alertó, los regímenes autoritarios parecen ser capaces de actuar de manera rápida y decisiva, esto es atractivo para muchas personas, sobre todo para aquellos que viven en la pobreza o en países que salen de un conflicto prolongado y perciben el absolutismo como la manera más rápida de ascender económicamente. “Sin embargo, dicha estabilidad a menudo esconde profundas debilidades fundamentales, que eventualmente resultan insostenibles”.

Triple amenaza

La exmandataria de Costa Rica (2010-2014) Laura Chinchilla coincidió en que la violencia política en nuestro país es un reto que trasciende a las autoridades electorales, “pero que de no atenderse a tiempo, se revertirá de nuevo como un boomerang, afectando la legitimidad de los avances electorales que ustedes han logrado”.

La expresidenta señaló que en la actualidad, pese a la evolución que a lo largo de tres décadas han experimentado los sistemas políticos de nuestra región, persisten algunas amenazas que no pueden obviarse y que ponen en riesgo la paz, la estabilidad y la democracia.

La primera de esas intimidaciones, dijo Chinchilla, es la corrupción, “el mayor reclamo hoy de nuestros ciudadanos hacia la política y sus gobiernos”. Argumentó que el “pecado original” de esta mala práctica a nivel público se encuentra en el financiamiento electoral cuando ocurre en las sombras sin límites ni control.

Frente a este problema, sugirió la expresidenta costarricense, la consolidación de sistemas electorales sólidos y de calidad ayuda a evitar que la corrupción se incremente o extienda al resto de la institucionalidad del Estado.

“En otras palabras, mientras más sólido e íntegro sea un sistema electoral, menos ocasiones tendrán los corruptos de alterar o de quebrantar el sistema político. De la misma manera, mientras más íntegro sea el sistema electoral, más crecerá la confianza de los electores en el sistema democrático”, sostuvo.

La segunda amenaza, abundó Chinchilla, es el ejercicio autocrático del poder, que sigue gravitando sobre algunos de los sistemas políticos y que ha buscado legitimarse, así como reproducirse de manera indefinida mediante la simulación de procesos electorales viciados y fraudulentos.

De ahí la importancia de velar por la calidad de los sistemas electorales, no sólo desde adentro, sino también desde el ámbito internacional, completó.

La tercera amenaza que mencionó la exmandataria es la aún frágil cultura democrática en algunas de nuestras sociedades, “no sólo tenemos que trabajar por sistemas electorales de calidad, sino, sobre todo, por sistemas electorales cuya calidad persista en el tiempo”.

Argumentó que una nación con cultura democrática es aquella donde este sistema político funciona, tanto en las buenas como en las malas; donde en momentos de agitación política sus líderes y sus ciudadanos prefieren acudir a las soluciones contempladas en sus instituciones y en el Estado de Derecho, y no al autoritarismo o a la violencia.

Laura Chinchilla agregó que las violaciones a los derechos humanos suponen también un riesgo, pues “no podemos pretender que la confianza en la democracia crezca si los grupos minoritarios ven abandonados o violentados sus derechos más fundamentales de igualdad y realización personal”.

Sugirió que “nuestra obligación como demócratas es no sólo trabajar permanentemente en su perfeccionamiento, sino también extraer lecciones de los procesos de deterioro democrático”.

Por su parte, el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, destacó que al final del siglo XX y en los primeros años de este nuevo siglo el modelo económico predominante implicó un gradual debilitamiento de las capacidades del Estado para responder a las demandas sociales de importantes sectores.