Cuando pase la tormenta, cuando podamos regresar con confianza a nuestras actividades sabiendo que la enfermedad es controlable ya sea con vacuna o con tratamiento, sólo entonces será el momento de la reflexión y el recuento de daños. La comunidad científica tomará a cada país e incluso a cada región dentro de un país como caso de estudio y habrá una gran base para determinar lo que se hizo bien y lo que se hizo mal. Los contagios serán anécdotas ligadas al número de pruebas, pero lo que sí no podrá disminuirse en importancia es la mortalidad, esa será la variable que se estudiará, porque aunque suene terrorífico, la humanidad tendrá otras pandemias y no sé si de menor o de mayor letalidad.

Mientras eso pasa, ya muchos científicos voltean a ver a México como un caso especial, si bien es cierto que muchos países tienen una tasa de muertos por millón de habitantes más preocupante, si consideramos sólo a los países con más de 100 millones de habitantes, que son 13 o 14, México es el tercer país no sólo en muertes, sino en muertes por millón de habitantes; superando en este momento a países mucho más poblados como India, China, Indonesia, Pakistán, Nigeria, Bangladesh y Rusia (aunque India podría superarnos pronto en decesos). 

Bien dicen que cada quien le da la lectura que le conviene a los números y así está pasando en México, mientras los opositores al gobierno resaltan las muertes en un número mucho mayor a las que se preveía, los defensores hacen ver que estamos mejor que Bélgica, Perú, España, Chile o Estados Unidos y nadie miente, sólo que cada quien resalta lo que le conviene.

¿Se pudo evitar que hubiera tantos muertos? Yo creo que sí, aunque no sé exactamente cuáles hubieran sido las medidas, para mí el sólo hecho de recomendar con fuerza y con el ejemplo, el uso generalizado de cubrebocas en todos lados hubiera reducido la velocidad de contagio.

He escuchado los ejemplos internacionales como las pruebas masivas, aislamiento de sospechosos, cierre de aeropuertos y fronteras, confinamiento obligatorio con penas a quien no lo respete, cuarentena a los viajeros de llegada, etc.; pero en México, en medio de la pandemia se trata de introducir un tema con cierta credibilidad, al menos entre algunos grupos. Afirmar que el Covid-19 causó mayor mortalidad en nuestro país, porque somos un país “enfermo” de diabetes, de hipertensión, de obesidad, de cardiopatías; las cuales incrementaron sustantivamente los decesos, y que esas enfermedades se deben a su vez no sólo a la vida sedentaria, sino al alto consumo de comidas y bebidas “chatarra”. Ya se tiene entonces a quien señalar, todos los otros análisis pasarían por la obligación de decir primero “era una población obesa”.

No es la primera vez que nos enteramos de cómo somos ni es la primera vez que se señala la necesidad de reducir el consumo de productos que no alimentan y causan problemas, pero hoy no sólo se les señala, sino se les culpa de los muertos. Ya hay varios estados en el país encaminados a prohibir la venta de estos productos a menores de edad con el mismo criterio que el tabaco o el alcohol.

En la encuesta semanal número 29 de Mitofsky sobre el coronavirus se hicieron varias preguntas al respecto, por lo pronto, cuando se considera que son muchos los muertos 39% culpa a quienes no respetaron las recomendaciones, 32% a que no nos obligaron a usar cubrebocas y solo 17% a las enfermedades que tenemos como sociedad, es decir, no es el principal sospechoso.

Considerando que se debe solucionar la prevalencia de esas enfermedades y que es deseable reducir el consumo de productos chatarra, la forma preferida por los encuestados es realizar fuertes campañas de comunicación y de educación en escuelas, dos de cada tres mexicanos prefieren esa medida y solamente 25 respondió que prohibir la venta a menores era lo mejor. Tampoco es entonces la prohibición la medida más recomendada.

Sin embargo, ante preguntas directas, casi hay consenso en hacer campañas para educar sobre alimentación y ejercicio; sólo un tercio aprobaría poner impuestos para inhibir el consumo y 58% estaría de acuerdo en establecer la prohibición de venta a los niños.

Entonces para concluir quisiera separar. Por un lado sí existe el deseo y la conciencia de que debemos como país ser más sanos y reducir la comida chatarra en nuestros hábitos, pero eso no hace que le asignemos a este consumo las culpas del efecto, nada agradable, de la pandemia de Covid-19 en México.

kg