El Congreso de Estados Unidos votó a favor de un proyecto de ley para desmantelar una parte del marco de las regulaciones bancarias, adoptado por el gobierno de Barack Obama para evitar que vuelva a ocurrir una crisis financiera como la del 2008.

La Cámara de Representantes aprobó la ley con 258 votos a favor y 159 en contra, luego de que el Senado aprobara el texto dirigido a desarticular la Ley Dodd-Frank en marzo. Con esto, sólo faltaría la firma del presidente Donald Trump —quien durante su campaña presidencial prometió cancelarla— para su entrada en vigor.

La medida, encabezada por los republicanos e impulsada por los bancos de Wall Street, así como por los bancos regionales e instituciones más pequeñas, obtuvo 33 votos a favor por parte de los demócratas de la Cámara Baja.

La Ley Dodd-Frank consistía en reforzar los requerimientos de capital de respaldo a las instituciones bancarias, además de que les exigía someterse a pruebas de resistencia para mostrar su fortaleza y les prohibía las actividades de alto riesgo con el dinero de sus clientes.

Para Trump, dicha ley era un “desastre”, pues suponía una traba para acceder al crédito y al crecimiento de la economía, por lo que la votación representa una victoria legislativa para el mandatario.

La iniciativa aprobada está dirigida específicamente a ayudar a los bancos pequeños y medianos, incluidos los bancos comunitarios y las cooperativas de crédito, pues suaviza las restricciones y la vigilancia sobre ellos.

Entre los cambios , el proyecto aumenta de 50,000 millones a 250,000 millones de dólares en activos el umbral que se usa para considerar a los bancos grandes e integrados a la red financiera, lo que absuelve a varios bancos de reglas hechas para proteger a los contribuyentes.

Los bancos extranjeros con capital en Estados Unidos se mantendrán sometidos a la supervisión de la Ley Dodd-Frank en caso de que sus activos globales superen los 250,000 millones de dólares, aparte de su inversión en el país.

Los partidarios de la medida tienen la intención de aminorar las restricciones sobre ellos, afirmando que impulsaría los préstamos y la economía.

Los críticos argumentaron que la probabilidad de futuros rescates a los contribuyentes será mayor una vez que la iniciativa se convierta en ley. Utilizaron los aumentos en los préstamos y las ganancias de los bancos desde la promulgación de la Ley Dodd-Frank en el 2010 para desacreditar la afirmación de que las regulaciones excesivas de la industria bancaria están socavando el crecimiento.

Por su parte, la líder de la minoría demócrata de la Cámara Baja y miembro del Comité de Servicios Financieros, Nancy Pelosi, había pedido a sus compañeros de partido oponerse a la iniciativa a través de una carta. “El pueblo estadounidense pagó un alto precio por la supervisión deficiente y las prácticas discriminatorias de préstamos que terminaron en la crisis financiera del 2008”, escribió Pelosi.