Gran parte de lo que determina si una colonia en la Ciudad de México es un foco criminal son los mismos factores que miden la desorganización social y la anomia institucional, de acuerdo con un reciente artículo publicado por el Centro de Seguridad y Gobernanza.

El trabajo ¿Qué explica la violencia criminal en la Ciudad de México?: prueba de dos teorías del crimen de Carlos Vilalta y Robert Muggah, recoge que en una ciudad grande, como la capital del país, el crimen tiende a concentrarse en ciertas áreas.

Esto es que cerca de dos tercios de todas las investigaciones penales ocurren en un radio de 1,600 kilómetros del centro geográfico de esta urbe en descontrolado crecimiento. Más aun, sólo 10 zonas rojas representan más de una cuarta parte de todos los crímenes informados.

Una de las dos teorías que explican la variación geográfica de los índices de criminalidad en la Ciudad de México es conocida como la desorganización social . Los autores toman varios factores que pueden usarse para medir esto: el porcentaje de mujeres cabeza de hogar, la proporción de vecinos recién llegados, el número de bares por 1,000 habitantes y el índice de desigualdad social medido por el gobierno.

Es así que entre más altas sean las cifras en un área dada, mayor será el nivel de desorganización social, el cual es un indicador de la propensión de una colonia a tener altos índices de criminalidad.

La segunda teoría es que una comunidad tiene más propensión a tener mayores tasas de crímenes, a causa del deterioro de las instituciones sociales y de gobierno, o lo que el estudio llama anomia institucional .

Para medir lo anterior, los autores toman en cuenta cuatro aproximaciones: la tasa de votantes en las elecciones al Congreso; el coeficiente Gini de desigualdad económica; el porcentaje de retención de grado en la escuela primaria y, una vez más, el porcentaje de mujeres cabeza de hogar.

Los investigadores encontraron que tanto la anomia institucional como la desorganización social son aplicables en la Ciudad de México como predictores del crimen. Es así que para revertir los números, deben enfocarse políticas públicas. Por ejemplo, promoción de anticonceptivos en zonas de alta criminalidad, pues los hogares dirigidos por mujeres solas suelen ser producto de nacimientos fuera del matrimonio.

Los hallazgos apuntan a la necesidad de intervenciones de desarrollo social muy localizadas . La falta de oportunidades económicas es una preocupación apremiante para muchos jóvenes. De hecho, exponen los investigadores, la desigualdad económica y otras instituciones no económicas, tales como sistema de gobierno (número de votantes) y la desintegración familiar ( hogares encabezados por mujeres ) parecen reforzarse mutuamente .

En México (...) existe una urgente necesidad de prescindir del ‘duro contra el crimen’, la sosa retórica del desarrollo . Y en lugar de ello, encontrar recursos y medidas prácticas que reduzcan la desorganización social y la anomia en la ciudad.

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