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Opinión

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Al T-MEC no lo cancelan; lo exprimen

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Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Enrique Campos Suárez

El peor escenario para el T-MEC era la muerte súbita y no ocurrió. Llegó el día de la activación de la cláusula sunset (artículo 34.7) del acuerdo trilateral y la decisión de Estados Unidos fue la muerte lenta, una que intuba al pacto y lo somete a revisiones anuales que pueden llevar a esta relación en cuatro direcciones: su terminación inmediata, su ratificación por 16 años en sus propios términos, la renegociación o darle sepultura en el año 2036.

México y Canadá tienen todas las intenciones de mantener el pacto como está, porque de hecho es un acuerdo joven que ya contempla las adecuaciones de mercado que eran necesario hacerle al veterano Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Y cuando la pregunta es si Estados Unidos realmente quiere extinguir esta relación preferente de Norteamérica, la respuesta se puede dividir en dos partes: sí desea terminar con el libre comercio como lo conocemos, pero busca mantener un blindaje regional para hacer frente al verdadero líder mundial del comercio: China.

El gobierno de Donald Trump pone en la balanza sus dos amenazas en este tema: el gigante asiático y los demócratas. Por una parte, tiene que hablarle a su clientela política; pero, al mismo tiempo, la integración con México y Canadá no es opcional para Estados Unidos.

El reciente reporte USMCA Insights de la Brookings Institution, con datos al cierre del 2025, muestra que el andamiaje comercial del T-MEC es el soporte vital de millones de familias estadounidenses. Tan solo en Texas y California, las exportaciones a sus socios del norte y del sur sostienen cerca de 650,000 empleos directos e indirectos; mientras que en el cinturón industrial del Midwest se vinculan 225,000 puestos laborales directamente con la integración regional.

Puede no importarle a Trump la suerte laboral de millones de estadounidenses, pero su reacción electoral, por supuesto, que le importa, y no parece dispuesto a elevar la factura política, que ya es alta para su causa a cuatro meses de las elecciones intermedias. Por eso, lo que más le conviene es esta jugada estratégica de rechazar la renovación automática y mantener la espada de Damocles regulatoria pendiendo sobre México y Canadá.

Lo que busca imponer Washington en esta relación vertical es la agenda de prioridades estadounidenses. En primer lugar, y lo más importante, está la seguridad geopolítica de un bloque regional que le haga frente a China. Y eso se hace desde dentro: endureciendo los controles aduaneros y con unas reglas de origen muy estrictas, e incluso alevosas, que impidan que desde México o Canadá se tenga un efecto trampolín para las manufacturas chinas.

Otro punto central será la mano dura estadounidense en materia de empleo; buscarán no solo ampliar el Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida, sino que realmente funcione. Y, en tercer lugar, la resolución de las disputas agrícolas y energéticas latentes. Los granjeros dan votos y el sector energético aporta dólares.

La Secretaría de Economía de México tendrá que hacer su mejor esfuerzo, porque, más allá de la realidad de que Estados Unidos no va a cancelar, pero sí va a exprimir al T-MEC, la debilidad institucional y política del gobierno mexicano lo deja en calidad de mero observador.

México y Canadá tienen todas las intenciones de mantener el pacto como está, porque de hecho es un acuerdo joven que ya contempla las adecuaciones de mercado que eran necesario hacerle al veterano TLCAN.

Enrique Campos Suárez

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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