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Propósitos con los pies en la tierra

Antonio Domínguez Sagols | Columna invitada
La época navideña, más allá de las luces, los convivios y el ruido, me regaló algo que pocas veces nos permitimos: tiempo. Tiempo para estar con mis hijos y mi esposa, para compartir con la familia, pausar, bajar el ritmo y repensar hacia dónde vamos. Estos días no solo sirven para cerrar un año, también ayudan a clarificar qué propósitos queremos asumir para el siguiente y, sobre todo, cuáles vale la pena dejar fuera.
Porque cuando llega enero solemos caer en la misma trampa: hacer listas interminables de propósitos. Creemos que mientras más pongamos, más comprometidos estamos con el cambio. Y no es así.
El primer error es no traducir los deseos en acciones concretas. Un propósito sin saber qué voy a hacer, cómo, cuándo y dónde, se queda en una buena intención. Para que algo se convierta en hábito necesita estructura, no solo motivación.
El segundo error es pensar que el cerebro aguanta todo. No aguanta. La psicología lo explica con claridad, la fuerza de voluntad es limitada, funciona como una batería que se va gastando. Cada decisión, cada esfuerzo y cada cambio consumen energía. Entre más propósitos pongamos, más rápido se nos acaba esa batería.
El tercer error es dejarnos llevar por la emoción y no planear con realismo. Cuando estamos emocionados, el cerebro se vuelve demasiado optimista. Creemos que las cosas se darán rápido y fácil, pero cuando llega el momento y vemos que no es así, se activa una especie de alarma interna que manda el mensaje: esto es complicado. Y ahí es cuando abandonamos.
Si de verdad queremos que este año sea diferente, no hagamos una larga lista de propósitos sólo porque sí. Seamos realistas. Hagamos una lista corta, honesta, de las cosas que en verdad queremos lograr y enfoquémonos en ellas.
Por mi parte, en los siguientes artículos me voy a concentrar en poner sobre la mesa información, cifras y contextos que nos permitan ver la realidad con mayor claridad y menos consigna.
A través del año analizaremos con profundidad los programas sociales y sus consecuencias en el ámbito educativo. Por poner un ejemplo, recientemente el Premio Nacional de Economía hizo un análisis de cómo haber desaparecido los requisitos para acceder a Progresa trajo una terrible consecuencia en el ámbito educativo, ya que al no exigir que los niños vayan a la escuela a cambio del apoyo social sucedió lo evidente, la deserción escolar aumentó significativamente. Eso me hace mantener frescos en mi mente dos principios de Tony Blair ex-primer ministro Inglés: no debe haber derechos sin responsabilidad y la mejor política económica es: educación, educación y educación.
Con estos análisis que haremos durante el año, buscaremos probar una hipótesis que romperá todos los esquemas hoy aplicados en nuestro país. Para que México despegue la Secretaria de Educacion Publica debe absorber la Secretaria del Bienestar y desde lo educativo impulsar la prosperidad que tanto merecemos y anhelamos.


