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Petróleo para Cuba. ¿Pero qué necesidad?

Jorge A. Castañeda | Columna invitada
En medio de la vorágine geopolítica al inicio de 2026, el FT publicó la semana pasada una noticia que debería ponernos los pelos de punta a todos los mexicanos: México es ya el principal proveedor de petróleo a Cuba, por encima de Venezuela. Más allá de los discursos nacionalistas y de la solidaridad con el pueblo cubano que “ha resistido al imperialismo durante décadas”, vale la pena dimensionar los riesgos que esto implica para Pemex y para México.
El principal riesgo es una posible sanción a Gasolinas del Bienestar. De acuerdo con el último reporte presentado por Pemex a la SEC (forma 6K de diciembre de 2025), esta subsidiaria 100% propiedad de Pemex “adquiere petróleo crudo y productos petrolíferos de ciertas de nuestras afiliadas para exportación a la República de Cuba. En los nueve meses terminados al 30 de septiembre de 2025, Gasolinas Bienestar, S.A. de C.V. exportó 17.2 mil barriles por día de petróleo crudo y 2.0 mil barriles por día de productos petrolíferos, por un monto agregado de 7.9 mil millones de pesos (0.4 mil millones de dólares). Dichas ventas representaron 3.3% de las exportaciones totales de petróleo crudo y 1.8% de las ventas totales de exportación de productos petrolíferos, respectivamente. Las ventas de Gasolinas Bienestar, S.A. de C.V. se realizan bajo contratos denominados en pesos a tasas de mercado vigentes”.
Aunque podría parecer un acto humanitario, el riesgo para Pemex es considerable. Como ya hemos visto, a la administración estadounidense no le tiembla la mano. Más allá de la captura de Maduro, el precedente clave es la sanción en junio de 2025 a tres instituciones mexicanas por lavado de dinero. Tras el anuncio de FinCEN, Intercam y CI Banco básicamente murieron. Estar sancionado por EU excluye a cualquier empresa o institución financiera del sistema financiero americano y de los mercados de capital.
No es que Gasolinas del Bienestar o Pemex enfrenten riesgos por lavado de dinero; las amenazas vienen de otras partes. La filial que opera estos embarques tiene una exposición legal significativa: sanciones civiles si sus operaciones involucran personas, bancos o sistemas de pago de EU; multas por usar tecnología estadounidense sin autorización; demandas privadas bajo Helms-Burton por “traficar” con infraestructura confiscada en Cuba; restricciones de visa para directivos; y, en el escenario más grave, su designación como SDN por respaldar a un Estado patrocinador del terrorismo. Esto implicaría el congelamiento de activos en jurisdicción estadounidense y cortaría toda relación bancaria en dólares.
A su vez, las sanciones podrían escalar a Pemex porque, bajo la regulación estadounidense, las empresas controladas al 100% por una entidad designada como SDN quedan automáticamente bloqueadas. Además, Pemex podría ser sancionada directamente como empresa matriz que autoriza, financia y ejecuta estas operaciones a través de su subsidiaria.
El impacto sería devastador. El 82% de la deuda de Pemex está denominada en dólares y este año debe refinanciar 17,000 millones. Una sanción haría imposible ese refinanciamiento y, aún sin concretarse, el mismo riesgo impactará el costo de financiamiento de Pemex.
Aunque es poco probable que estas sanciones lleguen –EU sabe que sería mortal para Pemex y la economía mexicana–, los envíos de petróleo y petrolíferos a Cuba abren un frente de riesgo enorme que no hacen más que reforzar la asimetría entre México y EU justo el año de revisión del T-MEC. Como diría el clásico: “¿pero qué necesidad?”

