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#Mundial2026: el más conectado

Ernesto Piedras | Inteligencia competitiva
Durante décadas, cada Copa del Mundo ha sido mucho más que un torneo de futbol. Ha sido también un escaparate tecnológico.
La televisión a color, las transmisiones satelitales, el audio estéreo, internet, las redes sociales y el streaming encontraron en los mundiales un espacio privilegiado para masificarse.
México 1970 cambió la forma de ver la televisión. Qatar 2022 consolidó el streaming deportivo. Y el #Mundial2026 en México, EUA y Canadá podría ser recordado como el de la hiperconectividad.
Sin embargo, también podría convertirse en el primer Mundial en el que la principal barrera de acceso no sea tecnológica, sino económica.
Del televisor al ecosistema digital. La historia de los mundiales puede asociarse a la historia de las telecomunicaciones.
Londres 1966 popularizó las transmisiones internacionales en vivo; México 1970 introdujo la televisión a color; Italia 1990 incorporó el sonido estéreo y Estados Unidos 1994 coincidió con la llegada comercial de internet.
Con Sudáfrica 2010 aparecieron las redes sociales y la experiencia multipantalla. Brasil 2014 consolidó el consumo convergente y Rusia 2018 inauguró la conectividad permanente, en la que el smartphone dejó de ser una segunda pantalla para convertirse en la pantalla principal de millones de aficionados.
Qatar 2022 representó un punto de inflexión. Más de cinco mil millones de personas tuvieron contacto con el torneo a través de televisión, plataformas digitales y redes sociales. El streaming dejó de ser un complemento para convertirse en un componente central de la experiencia mundialista.
El mundial de la hiperconectividad. La edición de 2026 será la más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos disputados. Pero su verdadera dimensión no estará únicamente en el número de encuentros, sino en la infraestructura tecnológica que lo hará posible.
La Inteligencia Artificial (IA) participa ya en el arbitraje mediante sistemas semiautomáticos de fuera de lugar. Los balones incorporan sensores que transmiten datos en tiempo real. Las cámaras corporales de los árbitros ofrecen nuevas perspectivas para las transmisiones.
Al mismo tiempo, las redes 5G, las eSIM, los acuerdos de itinerancia internacional y los estadios inteligentes soportarán la experiencia del aficionado. Los accesos digitales, los sistemas de seguridad basados en IA y las transmisiones inmersivas transformarán la manera de consumir el deporte.
La paradoja del acceso. A pesar de ello, bajo este escenario existe una contradicción que merece atención.
Durante décadas, las innovaciones tecnológicas ampliaron el acceso al futbol. La televisión abierta llevó el Mundial a millones de hogares. Las transmisiones satelitales extendieron la cobertura. Internet y posteriormente el streaming multiplicaron las posibilidades de acceso.
Hoy ocurre algo distinto. En Rusia 2018, cerca de 47% de los partidos estuvieron disponibles en televisión abierta en México. En Qatar 2022, la proporción alcanzó 50 por ciento. Para 2026, aunque se transmitirán 32 partidos por televisión abierta, estos representan únicamente 30.8% del total.
De la brecha digital a la brecha monetaria. En México, el acceso a la totalidad del torneo requerirá la contratación de servicios de paga. La combinación de una suscripción a una plataforma de streaming y un pase especial pueden representar un desembolso de hasta $1,148 pesos para quienes no cuenten con promociones o paquetes incluidos.
Para muchos hogares, ello implica una erogación significativa. Un trabajador promedio tendría que destinar alrededor de 29 horas de trabajo para cubrir ese gasto. Durante años, la discusión pública sobre la inclusión digital se concentró en la infraestructura, la cobertura y la conectividad. Hoy, la realidad se enfrenta a una nueva barrera, la capacidad de pago.
La conectividad ya no es suficiente. La experiencia completa tiene un costo. Y la pregunta ya no es quién puede conectarse, sino quién puede pagar por estar conectado y tener acceso.

