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Opinión

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Morena, entre el trastorno y la continuidad

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Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Mariano Espinosa Rafful

El sabio no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice. Proverbio chino

Se nos gastó febrero, dirían los yucatecos, quienes han fincado su desarrollo, por cierto, en las sanas competencias, inversiones con proyectos, pero sobre todo unidad para no permitir el odio y sí la unidad, sus habitantes son el elemento fundamental y han abierto sus fronteras para diversificar y crear empleos.

Eso es lo que nos falta a los campechanos, más dedicados a los pleitos intestinos desde el mismo gobierno, emanado de la ambición desmedida, la ambición del poder y el dinero, dejando en la orfandad lo mismo a los empresarios con rezagos por falta de atención y a la sociedad en su conjunto que está muy enojada.

Más allá de un primer análisis del panorama que hoy se dibuja no solo en Campeche, sino en los otros 16 estados donde habrá elecciones en 2027, es la simulación y el desparpajo, con el cual los aparatos gubernamentales, en los excesos la mayoría de ellos, se confrontan, porque sus orígenes no son puros, llegaron de todos los colores, en una mezcla explosiva sin valores.

Porque estamos algunos por momentos, en la nostalgia de un pasado que no tiene vuelta atrás, imágenes del domingo pasado, que sea casi imposible que borremos de nuestra memoria, esa que nos trae de vuelta a la cruda realidad del México que abandonamos todos, los responsables y los gobernados, unos por no hace la tarea, nosotros por permitirlo sin votos de castigo. 

No se trata de repartir culpas hoy y señalar culpables, vemos que se fue Adán Augusto, el consentido del sexenio anterior, pero no se fue del todo, sigue operando en el Senado, estará en activismo electoral, con un sueldo de escándalo, y eso no le hace bien al actual gobierno o la presidenta Sheinbaum.

¿Se vienen cosas peores? Nos preguntamos cada despertar, porque no solo son las herencias, que lejos de hacer los cambios, se tolera el insulto de un Gerardo Fernández Noroña a la inteligencia de millones de mexicanos, la irrupción de la familia de Ricardo Monreal, irreverentes ávidos de poder.

El perredismo no se fue tampoco, sigue en el consenso permisible de las leyes, dando origen a otro partido, y los que saltaron al morenismo, funcionando como en sus reductos en amarillo y negro, tribus de exigencia de espacios, sin valores ni buenos ejemplos, porque además no hay una renovación de cuadros políticos, son los mismos que dejaron el priismo, hasta exgobernadores, como Alejandro Murat en Oaxaca. 

Los duros si están, y permanecerán en el partido de López Obrador, porque el es el propietario, impuso a la dirigencia, un escándalo mayúsculo si Miguel de la Madrid, guardada toda proporción, hubiera dejado a su hijo, como el segundo de abordo en el PRI, para seguir palomeando listas de candidaturas, para cumplir compromisos, como nos sucedió desafortunadamente en Campeche.

Y están como se ha venido escribiendo y publicando, Cuauhtemoc Blanco, indefendible, Ruben Rocha Moya, ligado a la maldad, Félix Salago Macedonio, gobernando Guerrero, y Sergio Mayer, este sí, con procedimiento de suspensión de derechos políticos, porque siempre ha sido un actor de quinta, que requiere reflectores para su mediocridad.

ENTRE LÍNEAS

No está en discusión el fondo de la reforma electoral, el problema será la implementación de ser votada “en consenso”, por los aliados, que uno a uno irá cayendo como pinos, porque habrá premios de consolación al dejar su curul. Veremos dijo un ciego, y en Campeche se mira con un ojo.

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