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Un misterioso donante en EU podría ayudar a México

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Para estas fechas, el presidente de Estados Unidos ya debería haber terminado su guerra arancelaria y debería aproximarse a la firma de acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de México, Estados Unidos y Canadá.
Sería lo conveniente para acelerar inversiones y celebrarlas él, a cinco meses de unas elecciones políticas que pueden definir el destino de su gobierno. No lo hace y no evidencia interés en un acelerado crecimiento de la economía de su país.
Una prueba está en la súbita aparición de un misterioso donador de 100 millones de dólares.
No se los dio a él sino al contrario, a la única organización empresarial potente que puede enfrentar al mandatario: la US Chamber of Commerce, institución que por interés, vela también indirectamente por ciertos mexicanos. Particularmente los de las fábricas.
El 6 de junio, la más poderosa cámara empresarial de ese país anunció la “expansión” de su trabajo para defender el sistema de la libertad de empresas.
Parte de ese empuje recibió como combustible la que definió como la mayor aportación personal de un individuo en la historia de esta organización.
El personaje que de acuerdo con esta agrupación es un antiguo miembro de la cámara que pidió el anonimato, aportó 100 millones de dólares para esta batalla.
Para dimensionar: este proyecto de defensa llamado “Nueva Lucha por la Empresa Libre” contemplaba la inversión de 100 millones de dólares en cinco años, pero con esta aportación ha recibido 130 millones en dos años.
¿En qué están usando el dinero? En tres ejes. Primero, en comunicación.
La narrativa que gana es la que mueve a cada país. Es algo poco entendido en México, en donde empresarios siguen apostando a la negociación individual, sin mucho éxito.
Los líderes empresariales estadounidenses pretenden competir en la arena pública, dicen, “para ganar el argumento” con mensajes que promuevan tres palabras: crecimiento, innovación y oportunidad.
Segundo, en los tribunales. Litigar todo lo que detenga las inversiones y el crecimiento económico.
Y tercero: en los estados. Fortalecerán una red nacional de 1,500 socios para identificar y contraatacar a tiempo políticas anti negocios, antes de que lleguen a legisladores federales.
Es una tarea que la US Chamber nunca había efectuado de esta forma y menos en esta dimensión, lo que denota una inusual incapacidad para influir directamente en el gobierno como en los días en los cuales el Partido Republicano defendía los intereses empresariales.
Tales intereses, en términos pragmáticos, favorecen tanto a chihuahuenses, regiomontanos y guanajuatenses tanto como a alguien en Wall Street o en Texas.
En esta era, los republicanos viraron en torno al liderazgo de Trump, en detrimento de empresas otrora cercanas a Washington, DC, capital que visitaré durante esta semana en la que Estados Unidos celebra su aniversario 250 como nación.
El mandatario, por su parte, parece ocupado en una agenda propia, casi individual que a él, a su familia o a sus amigos, les permite aproximarse a la oportunidad de obtener ingresos rápidamente, sea por venta de criptomonedas, por negocios financieros o incluso, por la vía de una demanda al fisco del gobierno que él encabeza.
Quien sabe del mercado de valores, entiende que la oportunidad de ganar es en días de volatilidad, de incertidumbre. Gana más quien sabe o averigua próximas decisiones que pueden mover monedas, acciones o el precio del petróleo.
Un día hay arreglo con Irán, al otro hay un bombardeo. Así brincan y caen el WTI o el Brent.
Si el Partido Republicano del presidente Trump pierde escaños en las elecciones legislativas de noviembre, los Demócratas podrían cambiar reglas, habrá más incertidumbre, también más oportunidades.
En este escenario y acá en México, yo me fijaría en la lógica. ¿Estados Unidos podría lanzar una operación para detener algún criminal en México? Es factible. ¿Pero el mismo vecino desestabilizaría este país, rompiendo negocios que empiezan con la venta de gas natural y maíz a los mexicanos? Eso golpearía a la minoría de votantes que sigue apoyando a Donald Trump.
No hay borracho que coma lumbre, dicen.

