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Opinión

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México juega de local

El 1 de julio el balón cambió de cancha. Estados Unidos decidió no extender el T-MEC y se activará un formato de revisiones anuales hasta 2036. Muchos lo leen como derrota. Yo leo que el partido se alargó. Y México sigue jugando de local.

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Sergio Argüelles G. | Columna invitada

Sergio Argüelles G.

El 1 de julio el balón cambió de cancha. Estados Unidos decidió no extender el T-MEC y se activará un formato de revisiones anuales hasta 2036. Muchos lo leen como derrota. Yo leo que el partido se alargó. Y México sigue jugando de local. 

La lección que nos dejó el Mundial 2026 trasciende el marcador a un Sí, México firmó su mejor actuación en 40 años: fase de grupos perfecta, y un noveno lugar que supera nuestra participación en las ediciones anteriores de 1970 y 1986.

Los números mundialistas de México no se juegan solo en la cancha: en el territorio comercial es el principal exportador con 463 mil millones de dólares en manufactura, por delante de Vietnam (300 mil millones) e India (273 mil millones). Su PIB manufacturero de 352 mil millones representa casi el 20% de la economía, y el 42% de ese valor añadido corresponde a manufactura de media y alta tecnología: no estamos hablando de un equipo que solo tira centros al área, sino de uno que domina el juego con semiconductores, aeroespacial y automotriz.

Y aquí viene el atributo diferenciado, el que ningún otro jugador puede presumir: México es el único país que combina el liderazgo industrial presente con la ventaja de jugar de local en el mercado más grande del mundo. Así como fue anfitrión del Mundial junto a Estados Unidos y Canadá, es socio de esos mismos vecinos en el T-MEC, y con 23 tratados de libre comercio, además de una frontera que funciona como túnel de vestidores directo al consumidor norteamericano. Vietnam exporta bien, India tiene una plantilla enorme (607 millones de fuerza laboral), Malasia domina la alta tecnología. Pero ninguno esta en Norteamérica. Esa es la ventaja que el nearshoring premia: proximidad, integración y capacidad de respuesta valen hoy tanto como el costo, igual que en el fútbol moderno la presión alta vale tanto como el talento individual.

El Índice de Desarrollo Industrial de FINSA, que compara a 14 economías emergentes de América Latina, Asia y África con 33 indicadores de fuentes internacionales, coloca a México en la cima del ranking general, por encima de India, Vietnam, Malasia y Turquía. En la dimensión que mide la fortaleza industrial presente —el entorno económico— el Tri industrial anota 76 puntos contra un promedio de 36. Eso, en términos futboleros, no es ganar en penales: es golear en fase de grupos.

Los números no mienten, pero hay que leerlos completos. Sí: el consenso de analistas ubica el crecimiento de 2026 entre 1.1 y 1.4 por ciento, debajo del potencial del país. Pero el tratado sigue vigente. El acceso preferencial está intacto. Y el comercio bilateral rozó los 801 mil millones de dólares en 2025. Lo que enfrentamos no es un golpe que tumba: es un peso que frena. Y los pesos que frenan se sueltan — con inversión, con infraestructura, con decisiones.

No existe nearshoring norteamericano sin manufactura mexicana. Esa es la paradoja que pocos ven: la misma tensión geopolítica que genera incertidumbre es la que vuelve a México estructuralmente irremplazable. El local no elige competidores. Pero conoce la cancha.

¿Dónde se gana entonces este partido? No en Washington. Aquí. Los analistas coinciden en la receta y es de una sencillez brutal: energía, agua, logística, talento. La certidumbre que el papel ya no garantiza, la tiene que garantizar el territorio. Parques industriales con programas integrales de agua recuperada, Sostenibilidad energética y Conectividad real. Jugar de local no es una metáfora: es una estrategia de inversión.

Porque mientras la negociación comercial se prevé negociar año con año, hay un factor de certidumbre que las empresas sí pueden controlar hoy: dónde y con quién se instalan. El 90 por ciento de la inversión extranjera en los estados industriales del norte ya es reinversión. Las empresas que están aquí, se quedan. Y crecen.

La conclusión para el inversionista es clara. México no es una promesa: es el líder de la tabla, con el aparato exportador más potente del mundo emergente y una ubicación geoestratégica irrepetible. Sus debilidades están identificadas, medidas y son corregibles con política pública, inversión privada y desarrollo de capacidades. Quien invierte en nearshoring hoy no está apostando por un equipo chico que sueña: está fichando por el club que tiene el potencial para ganar.

México tiene la cancha. Lo que se juega cada año, de aquí a 2036, es si convertimos la ventaja de local en marcador final.

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Sergio Argüelles G.

Presidente Ejecutivo FINSA

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