Lectura 4:00 min
¿Por qué hay buenas señales?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Apollo Global Management planea invertir hasta 20 mil millones de dólares para financiar proyectos en México, reveló Bloomberg. ¿Lo más interesante? Que no es dinero bancario, que mezcla los recursos de los ricos con los del resto, sino capital de multimillonarios agrupados en los fondos de esa compañía.
Irían por proyectos de infraestructura, en momentos en que ese dinero representa la mitad del capital que la Presidencia estima necesario para instalar nuevos cables eléctricos y generadores en México.
¿Se acuerdan de esos más de 700 mil millones de pesos que, en buena medida, licita la CFE?
Si mi intención fuera celebrar el trabajo de la presidenta Claudia Sheinbaum para promover las inversiones, no tendría problema en decirlo abiertamente. La mandataria trabaja en eso y también pone empeño el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
Pero a ambos les falta un complemento: haber hecho grandes negocios dentro de una empresa. No lo hicieron, no es lo suyo, no saben cómo, pero eso no es grave.
El mayor problema es la presión que ejercen en ellos fuerzas de Morena, en donde aíslan dogmáticamente a casi todos los que sí tienen experiencia en la materia. Tan mal los panistas cuando ningunearon a quienes realizaban trabajo social, como los morenistas que patean todo lo que huele a emprendimiento formal.
En medio está la clase media de este país, que intenta pagar la universidad de sus hijos mientras enfrenta un estancamiento económico que congeló casi todo el mercado laboral.
Pese a lo anterior, ustedes o yo tendremos dificultades para explicar el crecimiento imparable de las exportaciones que muestran los datos oficiales.
Vaya, el negocio de venderles a los estadounidenses no para de crecer, en términos generales.
Una parte de la razón cualquiera puede decirla: México vive de Estados Unidos, pero ellos necesitan lo que hacen los mexicanos. El T-MEC solo formaliza una codependencia real.
Aunque algunas pistas más finas las expusieron hace unos meses Agustín Filippo y Carlos Guaipatín.
Ellos forman parte del equipo de analistas del BID, ese banco cuya representación en México está a cargo de Laura Ripani.
En un documento pusieron más números sobre la mesa para quienes seguimos esta actividad:
El crecimiento del sector manufacturero responde principalmente a la importación estadounidense de tres categorías de manufacturas provenientes de México.
Uno: productos informáticos y electrónicos, que incluyen computadoras, periféricos, equipos de comunicaciones y sus componentes.
Dos: equipos, aparatos y componentes eléctricos vinculados con la generación, distribución y utilización de energía eléctrica.
Y tres: aparatos y suministros médicos; por ejemplo, equipos quirúrgicos, dentales y ortopédicos, así como vendas, implantes, prótesis y lentes.
En corto, este cocinero atiende el hambre tecnológica y el envejecimiento de los vecinos.
De acuerdo con los economistas del BID, las exportaciones de productos informáticos y electrónicos duplicaron su monto entre 2023 y 2025. Solo en este último año crecieron 47 por ciento respecto de 2024. México ya rebasó a China en esa actividad.
En este negocio, el país que gusta del arroz con huevo enfrenta una pequeña, pero creciente, competencia de Centroamérica. Guadalajara y Querétaro representan la vanguardia nacional.
Luego están los dispositivos médicos, que cuentan una historia interesante: sus ventas hacia el norte se duplicaron en 10 años.
Pero hay que volver al tema de Apollo y a esos 20 mil millones de dólares que estaría apostando a los préstamos entre particulares: periodos más largos y menos requisitos que los bancos.
De confirmarse la intención revelada por Bloomberg, este país estaría recibiendo la venia de un poderoso representante de la comunidad y del capital judío de Estados Unidos.
El director de la empresa es Marc Rowan, líder del Consejo Asesor de la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania.
La inercia de una región norteamericana que acumula décadas organizada alrededor de los vínculos entre sus empresas enfrenta, desde hace 10 años, un vendaval político que comenzó con la llegada de los radicales Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador a las presidencias de Estados Unidos y México.
Pese a todo, los negocios binacionales no paran de crecer.
¿Qué pasará cuando los gobiernos apoyen el desarrollo económico y la unión de su gente?

