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Opinión

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La Cultura de la Paz, Pongamos Atención

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Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz

Pascual Hernández Mergoldd

“El sabio construye para mejorar, el necio destruye lo que no edificó."

Aforismo popular

Como se comentó en nuestra anterior entrega, en México iniciamos el 2026 con una aparente resignación generalizada ante el desmantelamiento de instituciones; la polarización y estigmatización que impulsa el oficialismo; el aumento de la deuda externa; una democracia debilitada, garantías y libertades erosionadas; servicios públicos de salud y educación cada vez más precarios; aumento de impuestos y derechos que ya impactan los precios al consumidor; el precio más alto por la gasolina a nivel internacional; una ofensiva opacidad y corrupción protegida por la impunidad oficialista, y una inminente reforma electoral para diluir nuestra democracia. Tenemos un gobierno que reduce los derechos cívicos, exige lealtad a sus intereses y eficiencia como contribuyentes, pero nada se exige a sí mismo ni a los suyos.

La mayoría permanece pasiva y aplaude a la presidenta, le otorga, según una encuesta de un periódico de la capital recientemente publicada, una aceptación del 75.6%, aunque según "World of Statistics", que con frecuencia mencionaba su antecesor, la aprobación es del 52%, 23.6 puntos porcentuales menos. No obstante, ocupa el 4º lugar entre los mandatarios más populares del mundo.

Es importante que la presidenta aproveche esa alta popularidad para hacer lo que debe hacerse y no sólo lo que se puede hacer. Basta de autocomplacencia y autoengaño.

No parece que la reforma electoral que impulsa sea algo que deba hacerse, se tiene noticia de que pretende la eliminación del pluralismo y de dotar a su partido de una hegemonía como imitación de la que tuvo el PRI parte del siglo pasado y así se dé la estocada final a la democracia mexicana con un retroceso de 80 años a la historia democrática nacional.

Sin embargo, al intentar replicar la condición de partido hegemónico que tuvo el PRI, debe considerase que, a cambio de limitar el pluralismo, los priístas otorgaron estabilidad política y crecimiento económico, aspectos que parecen no interesar al actual régimen en perjuicio del tejido social, de la vida en armonía y del desarrollo nacional. Ignoran que a partir de las reformas electorales que se impulsaron desde 1977, traducidas en el sistema electoral en proceso de destrucción, permitieron al “obradorismo” competir en las elecciones y llegar al poder. Ahora se tiene como propósito culminar la demolición de todos los principios de la democracia liberal y gobernar a su capricho, sin contrapesos, tomando como modelo el “chavismo”. La democracia liberal que construimos en 45 años podría pasar a la historia como un paréntesis ante la imposición de un gobierno autoritario.

Es posible que prospere esa reforma electoral a partir de la espuria sobrerrepresentación legislativa del oficialismo que, operando ilegítimamente como poder constituyente, ha impuesto 63 reformas para modificar 105 de los 136 artículos constitucionales que restringen derechos ciudadanos, desmantelaron organismos autónomos del Estado, detienen el desarrollo nacional, rompen la división de poderes y propician la concentración del poder en el Ejecutivo, entre otras nocivas medidas. No merecemos una república desmantelada.

En el contexto de polarización que impulsa el oficialismo no debe confundirse la crítica al gobierno con la destrucción de la democracia, no es lo mismo.

El presidente de Estados Unidos ha insistido en que su gobierno iniciará ataques terrestres contra cárteles mexicanos ya que, como lo ha declarado en diversas ocasiones, el gobierno nacional es controlado por esas organizaciones narcoterroristas. Mientras tanto, la mandataria juega con fuego al regalar el petróleo de los mexicanos a la dictadura cubana. El gobierno ha de recuperar urgentemente la soberanía del Estado que hoy ejerce el crimen organizado sobre el territorio nacional para mitigar el riesgo de un posible ataque a los cárteles de las drogas, pues no merecemos que sean fuerzas externas las que vengan a rescatarnos de los narcoterroristas.

Pongamos atención en los problemas que nos afectan, no nos distraigamos.

No normalicemos el peligro.

Urge que nos apliquemos en rescatar la vida en armonía y la cultura de la paz.

* El autor es abogado, negociador y mediador

X: @Phmergoldd

mediador.negociador@gmail.com

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