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Opinión

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La Cultura de la Paz, 2026: la Realidad Avanza

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Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz

Pascual Hernández Mergoldd

“La mejor manera de predecir el futuro es creándolo.” 

Peter Drucker

Más allá de celebraciones, iniciamos el 2026 con una aparente resignación generalizada ante el desmantelamiento de instituciones y de la polarización y estigmatización que impulsa la mandataria, síntomas de alarma que, como los padeció el pueblo venezolano, conducen a un gobierno dictatorial y a la ruina. El oficialismo nos aleja cada vez más del país de libertades que fuimos y de ser una democracia plena.

“La cuarta transformación”, como ocurrió en Venezuela, viola la Constitución; falsifica la historia; corrompe a las fuerzas armadas; purgó a los juzgadores independientes y los substituyó con jueces electos a partir de acordeones; censura a la prensa; manipuló los resultados electorales para hacerse de una espuria sobrerrepresentación legislativa y poder trastocar el marco constitucional; amenaza y persigue la disidencia, y devasta la biodiversidad. Además, pretende dar la estocada final a nuestra democracia con su reforma electoral.

El oficialismo mexicano no está exento de que se le apliquen acciones similares a las que el sábado experimentó la dictadura venezolana que se resumen en una transición dura en la que “ningún miembro del régimen anterior será tolerado en el nuevo proceso…” Debe ser alentador para los venezolanos que la meta principal de la exitosa intervención, aunque violatoria del derecho internacional, sea que “Venezuela vuelva a ser libre, segura y próspera.” Sobre todo, porque hay suficiente ciudadanía venezolana para su restauración.

El presidente de Estados Unidos ha indicado en múltiples oportunidades que “México está controlado por narcotraficantes,” y que “algo tenemos que hacer.” 

Tras advertencia no hay engaño.

Es evidente la lejanía del gobierno de la 4T con quienes defienden la democracia y su apoyo a las dictaduras. Es inaceptable la posición del oficialismo mexicano al considerar como víctima al depuesto narcodictador venezolano e impulsar un bloque de países latinoamericanos en su defensa.

Urge cambiar el rumbo y cumplir el artículo 89 de la Constitución que ordena, en su fracción X, que la política exterior ha de orientarse por: “el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos”.

Con una democracia debilitada, garantías y libertades erosionadas, servicios públicos de salud y educación cada vez más precarios, y una corrupción protegida por la impunidad oficialista, resulta difícil mantener el optimismo en este 2026. Aunque se continúe repartiendo dinero público, la mayoría enfrentará condiciones adversas derivadas de las políticas de austeridad, el abandono de la infraestructura y el desabasto de medicamentos, entre otros infortunios.

Tengamos en cuenta que sin seguridad las cadenas de suministro se quiebran; sin Estado de derecho, la productividad y el empleo formal se desvanecen; sin paz social, el crecimiento es imposible. Nadie invierte donde los cárteles imponen las reglas. Sin crecimiento económico y con una deuda pública en aumento las políticas del bienestar son insostenibles.

El empleo formal determina la calidad de vida; la informalidad nunca permitirá elevarla.

Mientras tanto, la mayoría permanece pasiva, aplaude a la presidenta y a su ofensiva opacidad, se conforma con una limosna pública, lo que profundiza el debilitamiento del tejido social y la desconfianza en el año que comienza.

En el contexto descrito, México será coanfitrión de la Copa Mundial de Futbol 2026. Sin embargo, para el “pueblo bueno y sabio” será imposible acudir a los partidos en nuestro país, pues los precios de los boletos superan con creces las posibilidades reales de la población.

El Día de Reyes, que marca el cierre del Maratón Guadalupe-Reyes, se celebra con la tradicional Rosca acompañada de chocolate o atole, los niños reciben regalos.

En este 2026 hagamos un esfuerzo responsable por sacudirnos la apatía y liberarnos de la parálisis social. No merecemos una república desmantelada ni que sean fuerzas externas las que vengan a rescatarnos de los narcoterroristas. Ha llegado la hora de hacer lo que debe hacerse, no sólo lo que se puede hacer.

Para terminar, no olvidemos que el odio, el resentimiento y los prejuicios son conceptos opuestos a la cultura de la paz.

* El autor es abogado, negociador y mediador

X: @Phmergoldd

mediador.negociador@gmail.com

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