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Banxico y la realidad de la encuesta del bolsillo

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
No es una bola de cristal, ni tampoco lo que dice el horóscopo inflacionario, pero podemos esperar que el reporte quincenal de mañana deje ver un repunte importante en los precios en este arranque del 2026.
El bolsillo ya levantó su encuesta y la resaca de consumo de fin de año llegó este 2026 de la mano de los efectos de una cuesta de enero pavimentada con los ajustes fiscales, que seguro se confirman mañana con el dato del Índice Nacional de Precios al Consumidor de la primera quincena del año.
En México subieron los impuestos este año y sus efectos son inflacionarios. El aumento del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) en refrescos y bebidas saborizadas tuvo ya un impacto desde el primer día del 2026, entre $1.50 y $3.00 pesos adicionales por litro.
Este mismo impuesto y su incremento en los cigarros llevó ya las cajetillas de algunas presentaciones arriba de los 100 pesos. Y el gobierno federal, con la trampa de los 24 pesos en las gasolinas, también aumentó el IEPS en estos combustibles entre 21 y 27 centavos por litro.
Al reporte inflacionario de mañana del Inegi también se le va a notar el incremento de la Unidad de Medida y Actualización (UMA) de 3.69%, hasta los $117.31 pesos diarios; con lo que esto implica en el ajuste automático de multas, trámites y diversas obligaciones.
Además, por supuesto que al gobierno le choca escuchar esto, pero el incremento en el salario mínimo tiene efectos inflacionarios y, sin duda, un efecto faro en otras negociaciones salariales.
Como colofón de los aumentos que veremos mañana reflejados en los diferentes indicadores inflacionarios que publique el Inegi están los incrementos en los costos derivados de la organización del Mundial de Fútbol de la FIFA de este año.
Entonces, el reporte inflacionario de mañana no será una sorpresa, será la confirmación de que la política fiscal, de recargar una raquítica recaudación adicional en el consumo, trabaja en sentido contrario a la política monetaria.
El punto es conocer en qué dirección va a trabajar la Junta de Gobierno del Banco de México si realmente mañana se confirma que las mediciones inflacionarias se pueden separar notablemente de sus expectativas de baja.
Hay un daño que ya está hecho. La actitud de una mayoría de tomadores de decisiones de política monetaria dentro del Banxico, de respaldar más la necesidad de crecer que de controlar la inflación, ya provocó estragos en su credibilidad.
Mientras el gobierno federal hace esfuerzos desesperados para aumentar la recaudación sin efectos electorales y aprieta las tuercas recaudatorias del consumo, el Banco de México parece atrapado en un discurso de prudencia que no logra anclar las expectativas inflacionarias; pero, al mismo tiempo, aplican recortes en la tasa de interés de referencia en momentos en que la inflación subyacente se ha negado a ceder.
Si como ya lo anticipó la encuesta del bolsillo, mañana se confirma el repunte inflacionario anticipado, la narrativa del Banxico de una “convergencia ordenada” quedará más en un acto de fe; una derrota que no solo se cuenta en puntos porcentuales, sino en la pérdida de su activo más valioso: la credibilidad.

