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Auxilio Citlalli

Opinión
En política, no hay coincidencias. La renuncia de Citlalli Hernández a la Secretaría de las Mujeres para asumir la presidencia de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, es un despliegue táctico en el tablero político de cara a las elecciones intermedias de 2027. La presidenta Claudia Sheinbaum dio “luz verde” para que uno de sus cuadros más leales y curtidos regrese al partido guinda para blindar el futuro de la "Cuarta Transformación".
No se trata de una dimisión, sino de una comisión de servicio en el frente de batalla más crítico para la continuidad del proyecto: La aduana electoral de 2027, escenario que se percibe complicado para Morena, debido a los múltiples señalamientos de corrupción, escándalos de nepotismo, de abuso de autoridad y dispendio de recursos públicos por parte de presidentes municipales, legisladores y funcionarios públicos de los tres órdenes de gobierno (municipal, estatal y federal) emanados del morenismo.
El regreso de Citlalli Hernández a Morena, donde ocupó la secretaría general cuando el hoy titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Mario Delgado, era el presidente nacional del partido fundado por Andrés Manuel López Obrador, busca abonar su experiencia para que Morena mantenga la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, y gane la mayoría de las 17 gubernaturas que estarán en juego el próximo año.
Para entender el calado de este movimiento -el más significativo en lo que va del sexenio de Claudia Sheinbaum-, hay que mirar el espejo retrovisor. Citlalli Hernández no es una novata en las lides de la fontanería interna. Hay que recordar que su mancuerna con Mario Delgado en la dirigencia nacional de Morena, fue el periodo de mayor expansión territorial del partido guinda.
Además, Citlalli conoce bien las venas abiertas del “movimiento-partido”, sabe dónde aprietan los cacicazgos locales y, lo más importante, entiende el lenguaje de la militancia de base que a menudo se siente desplazada por la burocracia gubernamental, así como por los priistas neomorenistas que hoy ocupan relevantes carteras en las estructuras de gobierno de los tres órdenes, debido al pragmatismo de Mario Delgado y del expresideente López Obrador.
El retorno de Citlalli Hernández al partido, ahora como presidenta de la Comisión de Elecciones tiene una lectura de urgencia. Morena, a pesar de su hegemonía, enfrenta el desgaste natural del ejercicio del poder y el reto de gestionar las ambiciones de una clase política que crece más rápido que sus cauces institucionales. El encargo de “recomponer el rumbo” no es un eufemismo; es la admisión de que el partido necesita una mano firme y con legitimidad ideológica para conducir la selección de candidatos sin que las costuras se rompan en el proceso.
Sin embargo, el objetivo real de esta maniobra trasciende la administración de las encuestas internas. La misión de Hernández es la consolidación del bloque de poder. En un escenario donde el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) han comenzado a cotizar caro su lealtad, Citlalli llega con la encomienda de blindar la coalición “Sigamos Haciendo Historia”.
La instrucción es clara: evitar que los aliados jueguen por cuenta propia en estados clave y garantizar que la marca Morena siga siendo el sol alrededor del cual orbiten los satélites. El premio mayor de esta reconfiguración es la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, ya que la historia reciente ha demostrado que las reformas constitucionales de la presidenta de México dependen de una aritmética legislativa milimétrica.
Lograr la mayoría calificada para el periodo 2027-2030 no es un deseo, es una necesidad de Estado para el segundo piso de la transformación. Sin esa mayoría, el proyecto de nación podría entrar en una fase de parálisis legislativa en el último tercio del mandato, sobre todo cuando la Cámara de Diputados tiene la facultad de discutir, analizar y, en su caso, aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación, que es clave para el proyecto de gobierno de Claudia Sheinbaum.
Al enviar a Citlalli Hernández de vuelta a la trinchera electoral, Claudia Sheinbaum sacrifica una pieza en su gabinete para asegurar su retaguardia política. Es un mensaje para los propios y para los extraños: la prioridad no es solo gobernar, sino retener el poder con la fuerza suficiente para que el cambio de régimen sea irreversible. El 2027 ya comenzó, y Morena ha decidido poner a su mejor pieza a cargo de las llaves del reino.
El reto que enfrenta la nueva presidenta de la Comisión de Elecciones de Morena es triple: Mantener la disciplina interna, conservar indisoluble la alianza con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), así como ganar no solo la mayoría absoluta en San Lázaro, sino garantizar la mayoría calificada para el periodo 2027-2030. Sin esa llave legislativa, las reformas de gran calado del segundo piso de la transformación podrían quedar en el limbo.
Con la selección de candidatos a la vuelta de la esquina, Hernández será la encargada de conducir un proceso que minimice los “manotazos” y las rupturas, como sucede en Zacatecas con los Monreal, garantizando que la unidad no sea solo un eslogan de campaña, sino un pacto de acero.
Coordinar las mesas de coalición PVEM y el PT es vital, ya que tras las señales de independencia en plazas clave como San Luis Potosí y la Ciudad de México, Citlalli llega con la misión de amarrar una coalición sólida que no deje margen de error.
Citlalli Hernández no es una improvisada en la vida interna de Morena. Su paso como secretaria general le otorgó un conocimiento quirúrgico de la estructura partidista y, sobre todo, de las tensiones que suelen fracturar a los movimientos amplios durante los procesos internos. Hoy, el encargo es claro: recomponer el rumbo y asegurar que la maquinaria electoral no pierda aceite de cara al 2027.
En el ajedrez político, la pieza más valiosa no siempre está en el tablero ministerial; a veces, se requiere de vuelta en el cuartel general para asegurar que, en 2027, el mapa siga pintado de guinda. La llegada de Citlalli a la Comisión de Elecciones le devuelve a Morena a su operadora más eficaz para el trabajo fontanero de la conciliación.