El recorte presupuestal afectará a la Secretaría de Salud por un total de 3,339 millones de pesos. El gasto programable originalmente aprobado para esta dependencia era de 134,800 millones de pesos. No es de las que más sufren bajas con el recorte pero es una quita sustanciosa.

Pronto sabremos por dónde entrará la tijera dentro de los distintos rubros en atención y cuidado de la salud que la verdad no deberían tener ningún recorte. De por sí los recursos para salud vienen siendo crecientemente insuficientes desde hace años para enfrentar las costosas y masivas enfermedades crónico degenerativas. Tristemente con la irremediable baja petrolera no puede venirnos mejor aquel popular dicho: Ya éramos muchos y parió la abuela .

El secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y su equipo fue muy acertado cuando en el 2013 implantó una medida de vanguardia –a recomendación por cierto del Instituto Nacional de Salud Pública, que lleva Mauricio Hernández-, aplicar un impuesto específico para el combate de la obesidad. El impuesto de un peso por cada litro de bebidas endulzadas. Aún no sabemos si realmente ha generado resultados en acotar la epidemia de obesidad y diabetes, o quizá es demasiado rápido para saberlo.

Lo que sí es un hecho es que por dicho impuesto al refresco el Erario recaudó en el 2014 un total de 28,000 millones de pesos. Esto, de acuerdo con estimaciones del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) que preside Juan Pardinas y que recién emitió un análisis muy interesante sobre costos de obesidad y diabetes. La cifra definitiva de lo recaudado la conoceremos ahora que SHCP emita su informe trimestral de ingresos.

La cantidad es notoriamente superior a los 18,000 millones previstos de recaudación por IEPS al refresco en el Proyecto de Presupuesto aprobado para el 2014. La recaudación por tal gravamen fue superior en más de 10,000 millones de pesos.

Sería importante que Hacienda informara a qué se dedicaron esos recursos. Lo ideal sería que se destinara a la estrategia para prevenir obesidad y diabetes, pues justamente ese fin tuvo el impuesto. Si fuera así, el monto destinado a dicha estrategia anunciada ampliamente en su momento por el presidente Enrique Peña, sería muchísimo más elevado.

El propio Imco, específicamente la investigadora Fátima Masse –quien ha hecho mediciones actualizadas sobre el costo de la obesidad–, hace ver qué tan menor es el presupuesto destinado por el Gobierno al combate y prevención de la obesidad, cuando clarísimo es que a la prevención debemos apostar. Prevenir es mucho menos costoso, más efectivo y más redituable que atender las enfermedades cuando ya se complican. Y esto último es lo que estamos haciendo.

Si el presupuesto de la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, Obesidad y Diabetes asciende a 320 millones de pesos, ello implica a 5.30 pesos por persona obesa. Esto sale con una simple división de los 320 millones de pesos entre los 60 millones de mexicanos con obesidad y sobrepeso. Evidentemente insuficiente.

Pero por qué nuestras autoridades hacendarias no lo hacen más sencillo. Simplemente que lo recaudado en un año de impuesto al refresco, 28,000 millones de pesos en el 2014, lo destinen a la estrategia para prevenir obesidad y diabetes. Así lo propone el Imco: si divides esa recaudación entre las personas que tienen diabetes y obesidad, tendrían que dedicarse unos 544 pesos por persona obesa, no los 5.30 pesos como sucede.

Al menos ya se definió una cantidad para empezar a instalar los bebederos de agua potable en escuelas; son 1,500 millones de pesos para este año. El problema es que el concepto no quedó etiquetado en la Ley de Egresos 2015 y, por tanto, queda la duda de que realmente se ejerza como debe ser. Ojalá que se empiece con los bebederos y que la Secretaría de Educación que lleva Emilio Chuayffet no permita que el recorte toque este renglón, otra vez, de por sí insuficiente.

@maribelrcoronel

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