El decreto antes que la felicitación.

El presidente de México le envía un mensaje a Joe Biden un mes antes de que tome posesión y unas horas antes de felicitarlo por su triunfo hace 41 días.

El “Proyecto de Decreto por el que se adicionan diversas disposiciones de la Ley de Seguridad Nacional” se traduce en un giro sobre la presencia de agentes de seguridad estadounidenses en México.

El presidente López Obrador desea dirigir sus esfuerzos a la obtención de la soberanía de seguridad a través del “control de la estructura del Sistema de Seguridad Nacional respecto de los agentes extranjeros en territorio nacional”.

En pocas palabras y para llevar la esencia teórica de la reforma de ley a dos casos de la vida real, se trata de impedir que se repitan casos como el de Enrique Camarena y Humberto Álvarez Machain, agente de la DEA y médico de narcotraficantes, respectivamente, pero sobre todo, una reacción inmediata a la detención del general Cienfuegos en el estado de California. No es mala idea, pero la crisis de seguridad de México no tiene parangón alguno y la corrupción tiene alcance a todos los niveles de los organismos de seguridad.

El presidente López Obrador aprovecha la transición estadounidense para blindar la frontera a los agentes estadounidenses en operativos encubiertos. Por una parte AMLO se da cuenta que Trump ya cerró el Despacho Oval y ahora solo se dedica a preparar su candidatura presidencial para el 2024. Al mismo tiempo AMLO sabe que Biden seguirá siendo presidente electo durante poco más de un mes y que su atención estratégica se dirige al tema del Covid-19. Sin embargo, el Fiscal General William Barr, advierte que el decreto del presidente mexicano “beneficia a las organizaciones criminales”. Es lamentable, pero Barr tiene razón.

Uno de los cambios que desea el presidente mexicano es que las “embajadas y misiones extranjeras acreditadas en el país deberán informar por conducto de la Secretaría de Relaciones Exteriores los hechos que tengan conocimiento (...) que contribuyan a preservar la Seguridad Nacional”.

Cuatro elementos merecen ser recordados:

1. El artículo 24 de la Convención de Viena señala: “Los archivos y documentos de la misión son siempre inviolables, donde quiera que se hallen”.

2. Edward Snowden escribe: “El secreto peor guardado en la diplomacia moderna es que actualmente la función principal de una embajada consiste en servir como plataforma para el espionaje. Las viejas explicaciones de por qué un país intentaría mantener una presencia física teóricamente soberana sobre el terreno de otro país se fueron diluyendo en la obsolescencia con el ascenso de las comunicaciones electrónicas y la aviación de reacción” (Vigilancia permanente, 2019).

3. El inciso d del artículo 3 de la Convención de Viena revela que una de las funciones de las misiones diplomáticas es: “enterarse por todos los medios lícitos de las condiciones y de la evolución de los acontecimientos en el Estado receptor e informar sobre ello al gobierno del Estado acreditante”. Los operativos encubiertos existen por la desconfianza de EU sobre los vínculos entre el narco y las fuerzas de seguridad.

4. La debilidad de las instituciones de seguridad en México han otorgado incentivos a las agencias de seguridad estadounidenses para operar en México. El caso del general Cienfuegos merece no ser devorado por el olvido.

A diferencia de Trump, que prácticamente no solo ignoró sino que criticó a sus agencias de inteligencia, el presidente electo Joe Biden regresará la atención de la Casa Blanca a los operativos que ellas desarrollan en el exterior.

Fue la DEA quien se encargó de ubicar a Ovidio Guzmán. La inteligencia de información funcionó. Otro escenario fue el protagonizado por el presidente López Obrador decidiendo su liberación. El episodio hizo enojar al embajador Landau, incluso, más que al propio Trump.

Biden no será Trump, por elemental que lo parezca.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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