Información, poderosa industria multifacética como cabellera de Medusa. Servicio que se demanda, produce y vende. Cara terrible, reprobable, que siempre ha estado y estará, el espionaje entre organismos que compiten, como países y empresas.

En estos tiempos, decir fulanito está mal informado equivale a decir que vive en una isla desierta. Hay un ejército creciente de articulistas, locutores y de los autollamados y ensoberbecidos intelectuales ajonjolís de todos los moles que vomitan lo ingerido de información en desayunos, comidas, conferencias ante los asombrados que, ¡pobres!, no utilizan su tiempo en ver noticieros la élite mira también los extranjeros y leer periódicos y revistas. Esos actores ejercen un oficio útil para sus semejantes, por ejemplo, orientar a los hombres de negocio sobre cuál podrá ser el derrotero del Producto Interno Bruto (PIB) o a los comunes y corrientes sobre qué onda con la polaca. El escritor de artículos para el periódico puede que ilustre o deslustre a sus lectores, el tema puede ser inocuo, nada pasaría si no hubiera sido escrito, pero él recibe una cantidad con la cual adquiere bienes y servicios por un monto que contribuye a sufragar los gastos de los productores. O los empeñados en derribar al gobierno en turno a golpe de críticas furibundas, demoledoras, ya merito estamos en el estatus de Estado fallido . O los recitadores de noticias que gastan 30 minutos en la minuciosa descripción de accidentados, desollados, asesinados, incinerados, decapitados y violados. Otro ejemplo, mejor, de los que viven del cuento: los comentaristas de futbol en la televisión, baterías de entre tres y seis individuos bien trajeados que parlotean como cotorras sobre temas fundamentales, por qué el nuevo descalabro de la aguerrida escuadra mexicana, que si el director técnico debe renunciar o ser corrido, que si El Chanclas debió haber estado en la central y no en la intermedia, etcétera. Pero tales señores perciben un salario, con él compran bienes y servicios, los productores de los mismos reciben un ingreso y así prosigue la cadena de una economía moderna como la nuestra, que da para que mucha gente, los políticos a la cabeza, viva del cuento.

Que también se publique lo bueno que hay en México, lo mucho que hemos logrado. Y, sobre todo, que se nos diga con precisión cómo estarán el tránsito y los aguaceros el día de mañana.

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