Observar el cielo es muy probablemente una de las actividades en apariencia menos productivas en la que los primeros humanos ocupaban su tiempo. Conforme fuimos creciendo como civilización nuestro interés dejó de ser poco más que un pasatiempo para convertirse en una ciencia por derecho propio, la Astronomía. En un momento de nuestra historia dejamos de lanzarnos cohetes entre nosotros y apuntamos a la Luna, primero, y a los planetas, después. Primero exploramos Venus, Marte y Mercurio, la consecuencia lógica era voltear ya no hacia el Sol, sino al espacio exterior y visitar a nuestros vecinos gigantes.

Curiosamente y de manera casi providencial, una alineación de los planetas que no sucedía desde 1801 nos permitiría utilizar la asistencia gravitacional ya probada por Mariner 10 y, sin utilizar casi nada de combustible hacer cambios de rumbo y aceleración y así visitar diversas combinaciones de los planetas exteriores y, si se podían sortear la plétora de problemas con que estuvo plagado el programa Voyager desde sus inicios, dejar atrás el Sistema Solar y poner rumbo al espacio interestelar, un logro apenas imaginado como posible en los inicios del viaje espacial.

Las sucesoras de Mariner 10 serían las Mariner Jupiter/Saturn, o Mariner 11 y 12, aunque de último momento se cambió su nombre por Voyager 1 y 2, un nombre más acorde a su misión última. Originalmente ambas sondas tenían el mismo recorrido programado pero se decidió cambiarlo y en lugar de visitar sólo Júpiter y Saturno, Voyager 2 pasaría por Urano y Neptuno también, un verdadero viaje interplanetario. Voyager 2 despegó de Cabo Cañaveral el 20 de agosto de 1977, mientras que Voyager 1 lo hizo el 5 de septiembre (la designación de la misión no tenía que ver con el orden de despegue, sino con cuál alcanzaría Júpiter primero).

Voyager 1 logra su acercamiento máximo a Júpiter el 5 de marzo de 1979. Los descubrimientos que hizo en los mundos jovianos incluyen los primeros volcanes activos fuera de la Tierra en Io, fotos del terreno accidentado de Ganímedes, el sistema de anillos jovianos (sí, Júpiter también tiene anillos) y dos nuevos satélites, Thebes y Metis. Confirmó la teoría de que la Gran Mancha Roja es en efecto un huracán dos veces más grande que la tierra y reveló el extraño fenómeno en el que Io, la tercera luna de Júpiter por su tamaño, es despojada de los iones en su superficie, mismos que alimentan de manera exponencial el campo magnético del planeta. Cuatro meses después su gemela alcanza también Júpiter donde descubre otra nueva luna, Adrastea, y se aproxima a Europa, revelando una superficie helada y agrietada, señal de un océano líquido debajo de esta; y amplía el acervo fotográfico de sus volcanes aún activos, fotografiados por Voyager 1.

En noviembre de 1980 Voyager 1 sobrevuela Titán, la mayor luna de Saturno y descubre otros tres satélites (Atlas, Pandora y Prometeo) del primer “sistema solar” en miniatura que resultaron ser todos los planetas exteriores. También confirmó la existencia de las “lunas pastoras” que crean las divisiones en los anillos del planeta, y las primeras fotografías a todo color y en alta definición de los hasta entonces misteriosos anillos, así como de Encelado y la espesa atmósfera causada por los océanos de metano y etano de Titán. Meses después Voyager 2 sobrevuela Titán, Tetis y Japeto, y toma imágenes de Encelado que sugieren actividad tectónica debido a las grietas en su superficie. Las fotografías que tomó del polo norte del planeta nos permitieron descubrir un fenómeno meteorológico de forma hexagonal circulando alrededor del polo.

Estos son sólo algunos de los descubrimientos realizados por las Voyager en la primera parte de su recorrido. Con ellos bastaría para poder considerar este programa como el más relevante en la historia de la exploración espacial, no sólo por el número, sino por la importancia de dichos aportes a la astronomía y la física en general. Pero esta es sólo la primera parte del viaje más prodigioso realizado jamás por objeto humano alguno. Baste con decir que antes de dejar Saturno las Voyager ya eran los objetos que más lejos habían llegado fuera de la atmósfera terrestre, y los más veloces también. En la siguiente entrega hablaremos aquí del resto de los mundos visitados por estos viajeros estelares, y de cómo han abandonado ya la zona de influencia del Sol para emprender un verdadero viaje a las estrellas.

Ramón Martínez Leyva

Ingeniero

Un pálido punto azul

Es ingeniero en Sistemas Computacionales. Sus áreas de conocimiento son tecnologías, ciencia y medio ambiente.

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