Fenómenos como el cambio climático, el Niño, desertificaciones, deforestación, gases de efecto invernadero y otros, son temas centrales en muchos foros, investigaciones, columnas y reportajes que diversos especialistas, escritores, políticos, líderes de organizaciones mencionan que la ganadería es el sector productivo con mayor impacto negativo en el medio ambiente, creando una verdadera animadversión hacia la actividad pecuaria, por lo que se ha creado un paradigma.

Adicional a lo señalado, el documento llamado Livestock’s Long Shadow , (La Larga Sombra de la Ganadería) editado por la FAO-Livestock’s Environmental and Development (LEAD, por su sigla en inglés), menciona que la ganadería es más contaminante que la industria automotriz.

Lo anterior, porque lanza al ambiente 18% de los gases de efecto invernadero (GEI) de las emisiones antropogénicas, que emiten dióxido de carbono (32% por deforestación, degradación de suelo, desertificación, etcétera); 25% por la fermentación ruminal y entérica del ganado (metano principalmente) y también óxido nitroso proveniente del manejo de excretas y estiércol (31 por ciento).

A los datos expuestos agreguemos otras ideas que se formaron en el siglo pasado acerca de que la desertificación fue provocada por el pastoreo de ganado en las praderas naturales en varias regiones del mundo, que la deforestación fue utilizada únicamente para abrir nuevas tierras de pastoreo para el ganado y, en un ejemplo extremo, la cacería de miles de elefantes y otros herbívoros en África como medida para reducir el daño y darle la opción a la tierra de alimentar a los animales que el hombre consideraba conveniente y no, la naturaleza .

El panorama se agrava más si recordamos que hace unos años la OMS (Organización Mundial de la Salud) indicó que la carne era causante de cáncer, sin la debida precaución de mencionar las consideraciones al respecto, situación que más adelante tuvo que aclarar.

En México se han liberado más informes que aportan al tema: un informe del 2013 hecho por el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) señala que 80 Mt de dióxido de carbono equivalentes, emitidas en el país, son provenientes de actividades agropecuarias; la ganadería aporta 65 Mt- CO2 equivalente al ambiente y la equipara al consumo de energía residencial y comercial (10 por ciento).

El país contabiliza más de 100 millones de hectáreas dedicadas a la ganadería con un inventario de rumiantes (bovinos, ovi-caprinos) cercano a 50 millones de cabezas, mismas que son consideradas como causa para el cambio de uso de suelo, la deforestación y erosión.

Bien, este paradigma se asemeja, en proporción guardada, a mencionar que la tierra es plana o que el sol gira alrededor de la tierra. Sin pretender ser un Galileo de la ganadería, sí hay que mencionar los beneficios que las vacas en pastoreo aportan para crear un ambiente sostenible para el mundo.

Las buenas prácticas en la actividad pecuaria son parte de la solución para poder rescatar suelos, agua y la biodiversidad en diferentes regiones del país, lo que comentaré en la segunda parte de esta nota de análisis.

*Eduardo Trejo González, especialista de la Dirección Técnica y de Redes de Valor de FIRA.

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