Alrededor de 1990, los estrategas militares de Estados Unidos crearon una palabra de cuatro letras que describía la situación global de esa época. Esa palabra es VUCA, que proviene de volatility, uncertainty, complexity y ambiguity (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad)

Pasaron 27 años y aún vivimos en un mundo VUCA. Hay éxitos inesperados, como los de Uber, Amazon y YouTube, así como fracasos complejos, como los de Mexicana, Enron y Lehman Brothers. Por si fuera poco, los sistemas naturales y humanos siguen poniendo a prueba a instituciones que parecían sólidas, pensemos en el desastre nuclear en Fukushima, el huracán Katrina o la primavera árabe.

Si sumamos a este torbellino el factor Trump, el mundo está más VUCA que nunca. ¿O no? Es difícil comparar diferentes épocas, sobre todo aquellas que no nos tocó vivir, y si miramos atrás parece que cada generación pensó que vivía el inicio del apocalipsis. Tan sólo en las primeras décadas del siglo XX sucedieron la Primera Guerra Mundial, el hundimiento del Titanic, la pandemia de gripe española, la creación de la teoría de la relatividad y el modelo T de Ford, señales del apocalipsis para aquella época.

¿Qué ha cambiado desde entonces? ¿Qué es único en este periodo histórico? Quizá el principal cambio es que la información se mueve a una velocidad y en volumen sin precedentes; recordemos las caídas en la Bolsa Mexicana de Valores tras los tuits de Trump sobre el muro y el TLCAN.

La información moviéndose a tal velocidad incrementa uno de los riesgos compartidos por todo tipo de negocios: no lograr innovar o adaptarse al ritmo al que cambia el entorno. El ejemplo perfecto es Blockbuster, que vio a Netflix nacer como una empresa que enviaba películas a domicilio, la vio evolucionar, crecer y no tuvo la agilidad para adaptarse.

En el campo de cambio organizacional existe un término para definir esa habilidad que permite sobrevivir a entornos VUCA: change-agility o agilidad al cambio.

Quizá uno de los mejores ejemplos de organizaciones con un alto grado de agilidad al cambio es IBM, una empresa con 130 años de edad, que arrancó produciendo rebanadoras de carne, cajas registradoras y máquinas de coser, y hoy trabaja en las industrias que definirán el futuro, como el cómputo cognitivo.

Queda claro que ser ágil al cambio es una habilidad clave para prevenir la muerte de cualquier organización. Pero ¿qué sucede si esa organización es una país?

Este es uno de esos momentos en los que a México le tocó ser ágil al cambio no porque hayamos desarrollado la habilidad, sino porque no nos queda de otra. El mundo está muy VUCA, o más bien, VUCAT, si sumamos que Trump aumenta la complejidad del mapa de riesgos.

Paul Gibbons, investigador en cambio organizacional, afirma que las organizaciones ágiles al cambio tienen una característica común: las ideas y conocimientos fluyen de los niveles jerárquicos de arriba hacia abajo, al mismo nivel que de abajo hacia arriba.

Es decir, si realmente queremos que México sea ágil al cambio y sobreviva al entorno VUCAT, es indispensable aprender a comunicarnos mejor y en todos los niveles. Los sectores público, privado y sociedad civil tenemos que aprender a escuchar a los de abajo con tanta seriedad como escuchamos a los de arriba. Eso parece que no se nos da muy bien, pero si no queremos que nos suceda el síndrome Blockbuster tendremos que ser ágiles como nación. Porque lo único que no cambia es que todo cambia.